Cuestionan expansión de la eutanasia en Canadá (I)
Padre Shenan J. Boquet
Presidente de Vida Humana Internacional
Publicado originalmente en inglés el 6 de julio del 2026 en: https://www.hli.org/2026/07/parliamentary-report-challenges-canadas-euthanasia-trajectory/
Vida Humana Internacional agradece a José A. Zunino la traducción de este artículo.
“La sociedad civil y los Estados también tienen la responsabilidad de responder concretamente a las situaciones de vulnerabilidad, ofreciendo soluciones al sufrimiento humano, como los cuidados paliativos, y promoviendo políticas de auténtica solidaridad, en lugar de fomentar formas engañosas de compasión como la eutanasia”.
Papa León XIV, 9 de enero de 2026, Discurso al Cuerpo Diplomático.
El miércoles 17 de junio, el Comité Conjunto Especial de Canadá sobre Asistencia Médica para Morir (MAiD, por sus siglas en inglés) presentó un informe ante el Parlamento recomendando que los legisladores excluyan indefinidamente a las personas que padecen únicamente una enfermedad mental de la posibilidad de acceder a la eutanasia y al suicidio asistido. Este es un hecho trascendental. Para comprender el porqué, es necesario repasar algunos antecedentes recientes.
Cuando el Parlamento Canadiense legalizó por primera vez la eutanasia y el suicidio asistido en 2016, bajo la denominación eufemística de “asistencia médica para morir” (MAiD, por sus siglas en inglés), la enfermedad mental no se consideraba una condición que justificara su acceso. Técnicamente, el suicidio asistido y la eutanasia estaban restringidos a aquellas personas cuya muerte fuera “razonablemente previsible”.
Esto cambió oficialmente en 2021 cuando, en respuesta a un fallo de un tribunal de Quebec, el Parlamento aprobó el Proyecto de Ley C-7, que amplió la eutanasia a aquellas personas cuya muerte no fuera “razonablemente previsible”. Posteriormente, el Senado modificó el proyecto de ley para ir aún más allá, de modo que las personas que padecen únicamente una enfermedad mental también pudieran acceder a ella tras un período de dos años.
Esa ampliación ha permanecido estancada desde entonces, como una bomba de relojería. En dos ocasiones en 2023 y nuevamente en 2024 el Parlamento se apresuró a posponer la fecha. Sin embargo, el gobernante Partido Liberal dejó claro su compromiso de garantizar que el cambio siguiera adelante.
La fecha límite actual es el 17 de marzo de 2027. Ese día, los canadienses cuyo único diagnóstico sea depresión, trastorno de estrés postraumático o anorexia podrán optar por la inyección letal, proporcionada por el Estado.
La experiencia de Canadá es una advertencia global
Pero los tiempos están cambiando.
Desde que legalizó la asistencia médica para morir (MAiD), Canadá se ha convertido en un ejemplo de alerta mundial sobre la rapidez con la que ha descendido por una pendiente resbaladiza. Como Alex Schadenberg, de la Coalición para la Prevención de la Eutanasia, declaró recientemente ante el Parlamento: “Canadá es vista cada vez más a nivel internacional como un ejemplo de lo que no se debe hacer”. Schadenberg tiene razón: la experiencia de Canadá ha contribuido directamente al rechazo de la legislación sobre el suicidio asistido en Escocia, Eslovenia y el Reino Unido. Los legisladores de esos países señalaron repetidamente a Canadá como una advertencia sobre las consecuencias de aceptar la muerte como atención médica.
Y con razón. Numerosos relatos de abusos atroces en Canadá han llenado los medios de comunicación de todo el mundo: historias de veteranos que sufren trastorno de estrés postraumático, personas sin hogar, personas en situación de pobreza y personas con discapacidad, todos empujados hacia la muerte por un sistema médico que parece cada vez más desinteresado en la difícil tarea de curar.
Incluso las propias provincias canadienses están dando marcha atrás. Quebec modificó su ley en 2023 para prohibir la eutanasia por trastornos mentales, y en mayo de este año, Alberta aprobó una ley que prohíbe la eutanasia por enfermedad mental y restringe la asistencia médica para morir a aquellos cuya muerte natural se espera en los próximos doce meses.
La eutanasia y el suicidio asistido siempre son un crimen en cualquier caso. Pero estas modificaciones al menos indican un deseo de dar marcha a atrás a un proceso cada vez mortal.
Comité gubernamental insta al Parlamento a detener la expansión de la asistencia médica para morir
Ahora, incluso sectores importantes de la comunidad médica canadiense expresan su preocupación por la rapidez de la expansión. Tras escuchar a psiquiatras, expertos legales y familiares, el comité gubernamental no recomendó una nueva demora. Recomendó que el Parlamento modifique el Código Penal para excluir la enfermedad mental de la elegibilidad para la eutanasia de forma indefinida, sin nuevo plazo ni nueva fecha límite.
Numerosos testigos declararon ante el comité que los médicos no pueden determinar con certeza si la enfermedad mental de una persona es realmente “irremediable” es decir, si el paciente aún podría recuperarse y que no pueden distinguir con seguridad una solicitud supuestamente racional de eutanasia del suicidio en sí. El Dr. Sandip Singh Gandham, médico, testificó que los clínicos no pueden “distinguir con certeza en la práctica aquellos casos excepcionales en los que el sufrimiento es realmente irremediable de aquellos en los que la desesperación aún puede ser tratable”. Expresó su temor de que, “en algunos casos, no estemos respondiendo a una solicitud autónoma y persistente de muerte asistida, sino más bien a la propia enfermedad”.
La Dra. Allison Crawford, directora médica de la Línea de Ayuda para Crisis Suicidas 9-8-8, se opone a la ampliación del suicidio asistido para personas con enfermedades mentales. Cita las dificultades para distinguir entre las solicitudes de suicidio y la intención suicida, así como entre las personas que llaman y mencionan el procedimiento y que presentan una mayor ideación suicida. Quizás su testimonio haya sido el más escalofriante. Según informó, casi 70.000 llamadas y mensajes de texto a la línea de ayuda mencionaron la MAiD. Entre esos contactos, el 74% había tenido pensamientos suicidas en los dos días anteriores.
“La mayoría de los psiquiatras del país se oponen a ampliar la asistencia médica para morir (MAiD) exclusivamente para enfermedades mentales”, declaró ante el comité el Dr. K. Sonu Gaind, profesor de psiquiatría de la Universidad de Toronto.
Los psiquiatras testificaron sobre la incoherencia de una profesión que “afirma poder prevenir el suicidio en un paciente y, al mismo tiempo, contribuir a que otro con el mismo sufrimiento lo consume”. Como explicó el Dr. Jitender Sareen, “esto atenta contra la esencia de la práctica psiquiátrica, que se basa en evaluar y tratar la desesperanza y prevenir el suicidio”.
En otras palabras, no hay forma de distinguir entre un paciente que “requiere” la ley para recibir la muerte asistida y un paciente que sufre una crisis suicida y necesita ayuda desesperadamente.
Los defensores de la vida, los psiquiatras y los grupos de defensa de los derechos de las personas con discapacidad llevan años afirmando lo mismo. Lo asombroso es que, al parecer, el mensaje finalmente está llegando. Sin embargo, el daño ya causado es inmenso.
Continuará.
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