El bebé Gabriel, la cláusula del aborto y la gestación subrogada (I)
Padre Shenan J. Boquet
Presidente de Vida Humana Internacional.
Publicado originalmente en inglés el 24 de agosto del 2026 en: https://www.hli.org/2026/08/abortion-clause-reveals-the-dark-reality-of-surrogacy/
Vida Humana Internacional agradece a José A. Zunino la traducción de este artículo.
Nota del Editor: Como hacemos cada vez que abordamos el tema del aborto, queremos aclarar que no estamos condenando a nadie que hay caído en este grave pecado. Invitamos, con mucho amor, a todos los implicados a la conversión y al recurso al siempre necesario Sacramento de la Confesión, imprescindible para recibir la infinita misericordia de Dios. La Iglesia también cuenta con ministerios de reconciliación y sanación postaborto.
El miércoles 12 de agosto de 2026, un niño nació tres semanas antes de lo previsto en un hospital cerca de Dallas. Si bien esto no es inusual, el nacimiento de este niño en particular fue casi un milagro. El pequeño Gabriel había sido víctima de una conspiración contra su vida que casi le costó la vida y que ha generado un gran escrutinio internacional sobre uno de los aspectos más oscuros y menos comentados de la industria de la gestación subrogada.
La mujer que lo dio a luz lo llamó Gabriel. Sin embargo, no se le permitió tenerlo en brazos. McKenna West es enfermera y madre soltera de dos hijos, originaria de Alaska. El año pasado, firmó un contrato para gestar un hijo para una pareja de California a través de una empresa de Connecticut llamada Worldwide Surrogacy Specialists. Quedó embarazada en diciembre de 2025.
En abril, una ecografía reveló que el bebé que gestaba padecía síndrome de hipoplasia del ventrículo izquierdo, un defecto que impide que el lado izquierdo del corazón bombee sangre correctamente. Es una afección grave, pero tratable, que requiere una serie de operaciones que comienzan casi inmediatamente después del nacimiento.
¡Increíble! McKenna, madre subrogada de 28 años, revela que el bebé Gabriel tenía programado un aborto en Seattle Estado de Washington. Escapó a Texas para dar a luz al pequeño, salvándole la vida. “Su vida no tiene precio”, dijo ella.
La pareja que había contratado a West como madre subrogada exigió que abortara. Por descabellado que parezca, legalmente tenían todo el derecho a exigirlo. Su mal llamado “derecho” a hacerlo estaba explícitamente estipulado en el contrato con West.
Salvado del aborto, Gabriel enfrenta un futuro incierto
Afortunadamente para el pequeño Gabriel, ningún médico en Alaska accedió a practicarle un aborto a las veintidós semanas. La pareja programó una cita en Seattle, Estado de Washington, pero la pospusieron hasta mayo, cuando Gabriel ya tendría veinticuatro semanas de gestación. West se negó y ofreció que su hermano y su cuñada adoptaran al niño. La pareja dejó de pagarle, exigió la devolución del dinero ya abonado y la demandó por más de cien mil dólares.
Lila Rose, de Live Action, y la presentadora de podcasts Ellen Fisher ayudaron a West a llegar a Texas, a un hospital dispuesto a operar a Gabriel. El 11 de agosto, el fiscal general de Texas, Ken Paxton, obtuvo una orden judicial de emergencia que exigía que se proporcionara atención médica vital al nacer y prohibía cualquier obstrucción o retraso. El Departamento de Salud y Servicios Humanos federal escribió a los hospitales de Dallas recordándoles que la ley de discapacidad prohíbe negar tratamiento rechazando el criterio de que la vida de un paciente discapacitado “tiene menos valor” o que “supondría una carga para los demás”.
Gabriel nació al día siguiente y sobrevivió. Sin embargo, la historia está lejos de terminar. En un giro inesperado, debido a que un tribunal de California reconoció a la pareja que lo encargó como sus padres legales, las dos personas que pasaron cuatro meses intentando asesinarlo ahora tienen la custodia, mientras que la mujer que le salvó la vida ni siquiera podrá visitarlo. Ella ha declarado que luchará por la custodia ante la Corte Suprema de los Estados Unidos si es necesario.
Aborto forzado: “Un sicario contratado”
El abogado de McKenna, Lincoln Wilson, describió el acuerdo que su cliente había firmado de la siguiente manera:
Estas cláusulas de aborto forzado, que exigen que las mujeres sean obligadas a abortar en una etapa avanzada del embarazo, son bastante comunes en los contratos de gestación subrogada. Hay contratos que la ley no hace cumplir. Por ejemplo, un contrato a un sicario no se hace cumplir. Este es, básicamente, un contrato a un sicario, y creemos que incluso si se acepta una visión liberal del derecho al aborto, el derecho a abortar también implica el derecho a no abortar.
Que Wilson use el término “sicario” me recuerda las famosas y directas declaraciones del Papa Francisco, quien afirmó que el aborto equivale a “contratar a un sicario para resolver un problema”. Sin embargo, en estos acuerdos de gestación subrogada encontramos un ejemplo particularmente cruel de a qué se refería el Papa Francisco: obligar a una mujer que lleva una vida en su vientre a que un médico abortista le mate a su hijo.
Si bien esta es la forma más flagrante en que dichos contratos violan la integridad física básica de las madres sustitutas, es solo el comienzo. Valerie Hudson, profesora de la Universidad Texas A&M, leyó el contrato de West y catalogó sus exigencias. No podía viajar a más de 120 kilómetros de su casa sin permiso, trabajar de noche ni comer queso brie o mousse. Tenía prohibido amamantar al niño. Su nombre nunca aparecería en su certificado de nacimiento y se comprometió a no contactarlo jamás. El daño causado por el embarazo era asunto suyo, con una excepción: una histerectomía costaba diez mil dólares.
Y si le exigían un aborto y accedía, recibiría dos mil dólares adicionales. Dos mil dólares. Esa es la cifra que el mercado fijó para la muerte de Gabriel.
La demanda de West alega algo aún peor: un conflicto de intereses que la dejó sin protección legal. Su propio abogado, según ella, estaba en la nómina de los padres comitentes y respondía ante el abogado de la agencia. Cuando se negó a abortar, su propio abogado se opuso y le entregó una carta en la que se lo comunicaba. Había renunciado a su cuerpo, su dieta, sus viajes y a su hijo, sin que nadie en la sala la asesorara.
El horror de la cláusula del aborto
Esta no es la primera vez que la negativa de una madre subrogada a acatar una “cláusula de aborto” en su contrato ha dado lugar a un escenario distópico en el que la mujer que ha entregado su cuerpo para dar vida a un niño se enfrenta a quienes simplemente han comprado al niño y exigen su muerte.
En Ontario, una pareja del mismo sexo demandó a su madre subrogada por aproximadamente seiscientos mil dólares. Dos años antes, una ecografía realizada a las veintidós semanas de gestación había revelado que el bebé que gestaba tenía labio hendido, con la posibilidad de paladar hendido o un problema cardíaco menor. La pareja le envió una carta formal:
Considerando que las pruebas médicas indican que el feto tiene, o es probable que tenga, una anomalía o defecto genético, cromosómico o de otra índole, y de conformidad con el artículo 8.5 (a) de nuestro contrato de gestación subrogada, deseamos informarle de nuestro deseo de que se interrumpa el embarazo. Si bien es muy difícil, esta decisión es libre e informada.
La madre subrogada se negó al aborto e insistió en realizar más pruebas. Especialistas en Toronto confirmaron que el niño estaba sano, y la pareja cedió. La demanda que finalmente presentaron no menciona la solicitud de interrupción del embarazo, sino que se centra en su gestión de las decisiones médicas. Tanto ella como su agencia sitúan la ruptura de la relación con la pareja contratante el día en que ella se negó a abortar. “No consiguieron el hijo perfecto que querían”, dijo, “y me abandonaron”. El niño está siendo criado por ellos.
Continuará.
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