El globalismo ataca la vida, la familia y la soberanía nacional (VII)

Adolfo J. Castañeda, MA, STL

Director de Educación

Vida Humana Internacional

26 de octubre de 2026

¿Qué más podemos decir del progresismo en su dimensión jurídica?

Según los globalistas, las leyes existen para ampliar los nuevos y siempre crecientes “derechos” humanos. Estos nuevos “derechos” expanden más aún el libertinaje individual. Este fenómeno hace que el Estado se recargue de más y más responsabilidades, para garantizar el ejercicio real de esos nuevos “derechos”.

El ejemplo más paradigmático de esta ampliación de “derechos” son los “derechos sexuales y reproductivos”. Para la gente con sensatez moral, un derecho sexual y reproductivo significa, por un lado, la realización del acto conyugal, es decir, siempre dentro del matrimonio, que respete la libertad de los esposos, que sea realizado con verdadero amor y siempre abierto a la posibilidad de transmitir una nueva vida humana. Por otro lado, el derecho reproductivo significa no solo el que los esposos estén generosa y responsablemente abiertos a la vida, sino también que el cuidado médico de la salud del aparato reproductor, sobre todo el femenino, sea el correcto. Ello a su vez implica también el rechazo de la anticoncepción, la esterilización, el aborto y las técnicas de reproducción asistida, especialmente las que destruyen embriones humanos, como la fecundación in vitro.

Pero nada de esto es lo que pretenden los promotores del engañoso término “derechos sexuales y reproductivos”. Ellos promueven todo lo contrario a lo que acabamos de exponer. Esta frase atractiva y engañosa significa y exige que se expanda el aborto, la esterilización y la anticoncepción, incluyendo la que es abortiva parte del tiempo, como las píldoras, los implantes, los inyectables, los dispositivos intrauterinos, los parches y otros más. La frase es una verdadera contradicción en términos, los “derechos sexuales y reproductivos” ni son derechos ni tampoco son reproductivos, sino todo lo contrario.

Pero ahí no acaba la cosa. La ONU et al promueven estos males en adolescentes aún no casados. Lo hacen por medio de sus programas inmorales mal llamados de “educación” sexual. Estos programas, impulsados sobre todo por la OMS, el UNICEF, la UNESCO, la IPPF y otras organizaciones más, no son otra cosa que perversión de niños, adolescentes y jóvenes. Estos programas también promueven toda la ideología LGBT, que incluye los mal llamados “cambios de sexo” por medio de sustancias químicas dañinas de por vida y cirugías mutilantes, también de por vida, como la doble mastectomía para las adolescentes y la castración para los adolescentes. Por último, pero no menos importante, es el hecho de que estos programas, de manera sutil, pero real, denigran los derechos paternos.

Los globalistas quieren que todos estén obligados no solo a respetar estos “derechos” sino también a actuar en favor de ellos. Por ejemplo, los líderes de la ONU y sus compinches quieren acabar con la objeción de conciencia ante al aborto. Quieren obligar a todos los médicos a cometer abortos o a remitir a otros médicos su comisión. Incluso también quieren abolir el derecho institucional y no solo individual a la objeción de conciencia. En otras palabras, quieren obligar a las instituciones religiosas o respetuosas de la moral verdadera a que cometan abortos. Y si esas instituciones se niegan, entonces quieren obligarlas a traer a un médico abortista a sus instalaciones o las quieren obligar a remitir a las mujeres que van a abortar a otras instituciones de “salud” que son abortistas.

Ante este siniestro panorama, caemos en la cuenta de que todo esa demagogia de la “libertad” individual no es otra cosa que pura mentira y una descomunal hipocresía. La presunta “libertad” no es para todos. Es solamente para los globalistas y no para los que se oponen a su agenda y mucho menos para los bebés que no han nacido todavía.

Continuará.

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