El Tribunal Supremo de EEUU protege los derechos de los padres y de los niños frente al Estado (I)

 

Padre Shenan J. Boquet

Presidente de Vida Humana Internacional.

 

Publicado originalmente en inglés el 9 de marzo del 2026 en: https://www.hli.org/2026/03/u-s-supreme-court-protects-parental-rights-and-children-from-the-state/

 

Vida Humana Internacional agradece a José A. Zunino la traducción de este artículo.

 

 

Introducción

 

El 2 de marzo de 2026, el Tribunal Supremo de EEUU emitió uno de los fallos más importantes en años sobre los derechos de los padres. En una decisión de 6 a 3 en el caso Mirabelli contra Bonta, el Tribunal anuló las políticas secretas de “transición de género” de California en las escuelas públicas.

 

El fallo sostuvo que estas políticas probablemente violan los derechos constitucionales de los padres bajo la Primera y la Decimocuarta Enmienda.

 

Nota del Editor: La Primera Enmienda garantiza la libertad de expresión, de conciencia y de religión. La Decimocuarta garantiza igual protección bajo la ley y el debido proceso para todos los habitantes legales de EEUU.

 

Hasta esta decisión, California exigía a sus escuelas públicas ocultar la mal llamada “transición de género” de un niño a sus padres. Se les ordenó a las escuelas facilitar la “transición de género” durante el horario escolar sin el conocimiento ni el consentimiento de los padres, y los maestros se vieron obligados a usar los nombres y pronombres “preferidos” de un estudiante, incluso cuando los padres indicaron explícitamente lo contrario.

 

Esta política fue una flagrante violación de los derechos de los padres, una de las peores que he escuchado. En esencia, el Estado decidió que sabía más que los padres sobre algo que afectaba los aspectos más íntimos de la vida de sus hijos.

 

Estas políticas tienen un costo humano devastador en la vida real, como quedó claro en el caso del Tribunal Superior. Una familia, identificada en el caso como John y Jane Poe, tenía objeciones religiosas a la “transición de género”. Sin embargo, su hija comenzó a presentarse como un niño en la escuela durante su séptimo grado.

En las reuniones de padres y maestros, nadie informó a los Poe. Su hija intentó suicidarse y fue hospitalizada. Solo entonces un médico reveló que tenía “disforia de género” y que había estado viviendo como un niño en la escuela.

 

Nota del Editor: La “disforia de género” se refiere a una marcada incongruencia entre la identidad sexual que una persona experimenta en su interior y su sexo real biológico. Esta incongruencia produce un gran malestar psicológico que incluye pero no se limita a la ansiedad. En realidad, el término más correcto para esta anomalía psicológica debe ser desorden de identidad sexual, ya que en este contexto la palabra “género” es un término ideológico y no científico. Por medio de ese término los promotores de la ideología de “género” pretenden afirmar que hay diferentes “géneros” (identidades sexuales internas) válidos más allá de los dos únicos sexos reales que existen: el masculino y el femenino. Se trata de una ideología puramente subjetivista que no concuerda con la realidad de la persona humana en su dimensión sexual.

 

Incluso después de esta tragedia, los administradores escolares continuaron ocultando información sobre la “identificación de género” de la estudiante, citando la ley estatal de California. En otras palabras: una niña casi muere, y aun así el estado de California insistió en mantener a sus padres en la ignorancia.

 

 

Una afirmación contundente de la patria potestad

 

Sin embargo, gracias al Tribunal Supremo de EEUU, esta injusticia llegará a su fin. En palabras de Peter Breen, uno de los abogados de la Sociedad Thomas More que presentó el caso, “California construyó un muro de secretismo entre los padres y sus hijos, y el Tribunal Supremo simplemente lo derribó”.

 

El fallo del Tribunal, por 6 votos a 3, fue contundente al afirmar los derechos fundamentales de los padres. Sostuvo que las políticas de California “eliminaron los principales protectores del interés superior de los niños: sus padres”.

 

Basándose en un precedente consolidado, el Tribunal Supremo de EEUU reafirmó que los padres, y no el Estado, tienen la autoridad principal sobre “la crianza y educación de los hijos”, y que esta autoridad incluye el derecho a no ser excluidos de la participación en las decisiones relativas a la salud mental de sus hijos.

 

Fundamentalmente, el Tribunal determinó que la intrusión en el libre ejercicio del derecho de los padres en este caso fue incluso mayor que la que ya había anulado en la histórica decisión Mahmoud v. Taylor del año pasado.

 

En Mahmoud, el Tribunal dictaminó por 6 votos a 3 que los padres tienen el derecho religioso de excluir a sus hijos de las clases con temática LGBT en las escuelas públicas.

 

Si la mera introducción de libros de cuentos LGBT fue suficiente para desencadenar un escrutinio estricto, razonó el Tribunal, ¿cuánto más lo será la facilitación secreta de la “transición de género” de un niño?

 

 

Un momento decisivo para los derechos de los padres

 

Los defensores de los derechos paternos se mostraron jubilosos tras la decisión.

 

Peter Breen, vicepresidente ejecutivo y jefe de litigios de la Sociedad Thomas More, que presentó el caso, declaró: “Los burócratas ya no pueden facilitar secretamente la ‘transición de género’ de un niño mientras excluyen a los padres”.

 

Su colega Paul Jonna lo calificó como “un momento decisivo para los derechos paternos en EEUU”, y añadió que el fallo “desmantelará las políticas secretas de ‘transición de género’ en todo el país”.

 

Mark Rienzi, presidente del Fondo Becket para la Libertad Religiosa, que presentó un escrito amicus curiae en el caso, observó que California había intentado “eliminar a los padres de la vida de sus hijos mientras obligaba a los docentes a ocultar el comportamiento de la escuela a las familias”. “Eso”, afirmó, “no es protección infantil. Es apropiación por parte del Estado de la relación padre-hijo”.

 

Robert Pondiscio, investigador principal del American Enterprise Institute, señaló que la decisión también fue una victoria para los docentes que se habían visto obligados a engañar a las familias a las que sirven. “Los docentes realizan mejor su labor cuando están alineados con las familias”, escribió, “no se les obliga a participar en regímenes de secretismo que incitan a la sospecha”.

 

Los activistas de la ideología de “género”, por su parte, respondieron con alarma y con un lenguaje que reveló cuán profundamente el movimiento ha llegado a depender de mantener a los padres en la ignorancia.

 

Tony Hoang, director ejecutivo de Equality California, la organización LGBT estatal más grande del país, calificó la decisión de “profundamente perturbadora” y objetó que el Tribunal había “trastocado las protecciones de la privacidad estudiantil de California”.

 

Gaylynn Burroughs, del Centro Nacional del Derecho de la Mujer, afirmó que el Tribunal “priorizó las exenciones religiosas sobre el éxito y el bienestar de los niños y pisoteó los derechos y el futuro de los estudiantes transgénero”. La ACLU del Sur de California argumentó que una “cultura de la salida del armario perjudica a todos” y que “los estudiantes LGBT merecen decidir bajo sus propios términos si, cuándo y cómo salir del armario”.

 

Observen este planteamiento. Informar a los padres sobre el sufrimiento psicológico de sus propios hijos ahora se llama “salir del armario”. Que una madre y un padre se enteren de que su hija se ha presentado como un niño en la escuela es tratado como una violación de su privacidad, como si una niña de doce años tuviera derecho a mantener a sus padres en la ignorancia sobre una profunda crisis de salud mental.

 

Y el derecho de los padres a guiar la crianza de sus hijos, un derecho reconocido por la ley durante más de un siglo, ahora se descarta como una mera “exención religiosa” impuesta a los niños.

 

Este lenguaje no es casual. Refleja la lógica central de la ideología de “género”: que los niños se pertenecen a sí mismos (o al Estado) y que la familia es un obstáculo que debe sortearse. Es precisamente esta lógica la que el Tribunal de EEUU ha rechazado.

 

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