La atención al paciente al final de su vida: Respetemos la santidad de la vida humana

  1. 02-06-26

 

Padre Shenan J. Boquet

Presidente de Vida Humana Internacional.

 

Publicado originalmente en inglés el 2 de febrero del 2026 en: True End-of-Life Care: Respecting the Sacredness of Human Life | Human Life International

 

Vida Humana Internacional agradece a José A. Zunino la traducción de este artículo.

 

 

La dignidad humana no se mide por su eficiencia ni su utilidad. La vida siempre tiene valor, a pesar de la enfermedad, la fragilidad y las limitaciones. La respuesta al sufrimiento no es ofrecer la muerte, sino garantizar formas de apoyo social, atención sanitaria continua y atención domiciliaria, para que el paciente no se sienta solo y las familias puedan recibir apoyo y acompañamiento.

 

Cardenal Matteo Zuppi, presidente de la Conferencia Episcopal Italiana, Discurso del 26 de enero de 2026.

 

Algo inesperado, pero bienvenido, está sucediendo con el tema de la eutanasia y el suicidio asistido.

 

A finales enero de este año de 2026, el Senado francés rechazó un proyecto de ley respaldado por el gobierno que habría legalizado la “asistencia médica para morir” (es decir, el suicidio asistido por médicos y la eutanasia), devolviéndolo a la cámara baja del Parlamento.

 

La votación fue una sorpresa. El proyecto de ley se había aprobado fácilmente en la cámara baja. Y muchos esperaban que se aprobara sin problemas en la cámara alta.

 

Si bien la situación en Francia es sumamente compleja, hay indicios de que este rechazo del proyecto de ley no se debe solo a un problema de procedimiento. En parte, proporciona más evidencia de una resistencia más amplia que está surgiendo en las democracias occidentales a lo que muchos consideraban simplemente el siguiente paso lógico en el avance de los llamados valores “progresistas”.

 

En toda Europa, iniciativas legislativas que parecían casi seguras de aprobarse en Escocia, Inglaterra, Gales y otros lugares, ahora enfrentan obstáculos inesperados, retrasos, intensos debates en las legislaturas y un creciente malestar público. En gran medida, este cambio se debe a que las terribles consecuencias reales de la legalización de la eutanasia y el suicidio asistido por médicos aparecen con cada vez mayor frecuencia en los medios de difusión.

 

Los legisladores se muestran cada vez más reticentes a aprobar leyes que, como demuestra la experiencia repetidamente, casi con seguridad serán objeto de abuso por parte de inescrupulosos profesionales sanitarios, incluyendo a los que atienden a los moribundos, lo que resulta en las grotescas violaciones de la dignidad y los derechos humanos que acaparan titulares en lugares como Canadá y los Países Bajos. Mientras tanto, cada vez más legisladores y ciudadanos parecen reconocer que los activistas en favor de la eutanasia basan sus esfuerzos en una falsa dicotomía: o aceptamos enfermedades y muertes dolorosas e indignas, o legalizamos el suicidio asistido por médicos y la eutanasia.

 

En realidad, hay un tercer camino que a menudo no se reconoce: priorizar los cuidados paliativos de excelente calidad que respeten el carácter sagrado de la vida humana, ofreciendo así a los enfermos y moribundos una muerte verdaderamente digna, en lugar del suicidio disfrazado detrás de la fachada poco convincente de una atención médica “compasiva”.

 

 

Votación en el Senado de Francia: Una pausa, no una victoria

 

El 28 de enero de 2026, la cámara alta del Parlamento francés rechazó, por 181 votos a favor y 122 en contra, una ley que habría permitido la muerte voluntaria asistida por médicos para adultos con enfermedades graves e incurables bajo ciertas condiciones. La historia detrás del rechazo no es sencilla. Algunos miembros de la cámara alta votaron en contra del proyecto de ley porque argumentaron que no era lo suficientemente amplio. Argumentaron que las enmiendas del Senado lo habían vuelto demasiado restrictivo, por lo que lo devolvieron a la legislatura inferior con la esperanza de liberalizar la ley.

 

Sin embargo, un número considerable de críticos argumentaron que el proyecto de ley era peligroso e innecesario. Argumentaron que el enfoque debería centrarse en ampliar el acceso a los cuidados paliativos y al apoyo compasivo, no en normalizar la muerte como solución al sufrimiento. A esta interpretación se suma el hecho de que, inmediatamente después de rechazar el proyecto de ley en favor de la eutanasia y suicidio asistido, la cámara alta aprobó por abrumadora mayoría un proyecto de ley que promueve un mayor acceso a cuidados paliativos de calidad.

 

Ludovine de La Rocharé, presidenta de la organización francesa provida La Unión Familiar, celebró el rechazo del proyecto de ley.

 

“Al negarse a considerar la eutanasia y el suicidio asistido como la respuesta adecuada al final de la vida, los senadores han abierto una nueva vía para salir del impasse”, declaró. “La sociedad no espera que organicemos la muerte, sino que ofrezcamos a todos la atención adecuada hasta el final. El verdadero progreso hoy reside en garantizar el acceso de todos a los cuidados paliativos, el apoyo y el alivio del sufrimiento, no en allanar el camino para la aceptación de la acción letal”.

 

Desafortunadamente, el debate francés no ha terminado. Los defensores del proyecto de ley pretenden devolverlo a la Cámara Baja para una nueva votación. La Fundación provida Jérôme Lejeune advierte que, si los ciudadanos franceses no manifiestan su oposición al proyecto de ley, el rechazo del Senado podría empeorar la situación a largo plazo. “Este rechazo tiene una consecuencia inmediata: el proyecto de ley, inicialmente aprobado en la primavera de 2025 por la Asamblea Nacional, la más permisiva del mundo en materia de eutanasia, volverá a una segunda lectura. Por lo tanto, la amenaza persiste, y es grave”, declaró la Fundación Lejeune.

 

Sin embargo, los obispos franceses se muestran alentados por la reciente votación. “Este rechazo parece indicar un importante estancamiento político y social y pone de relieve la gravedad de las cuestiones éticas en juego”, escribieron en un comunicado inmediatamente después de la votación del 28 de enero.

 

 

Resistencia a la aprobación del proyecto de ley sobre suicidio asistido en el Reino Unido

 

Francia no es la única que ha frenado el proceso.

 

Según un análisis reciente de The Pillar, la legislación sobre eutanasia y suicidio asistido en Escocia, Inglaterra y Gales, entre otros lugares, se encuentra en una situación turbulenta a principios de 2026.

 

Los proyectos de ley que antes avanzaban con fluidez en las primeras lecturas se están estancando, perdiendo impulso o encontrando resistencia por parte de legisladores preocupados por las garantías, la coerción y las consecuencias imprevistas. En Inglaterra y Gales, un proyecto de ley presentado por un miembro particular que había avanzado en el Parlamento se ve ahora frenado por enmiendas y retrasos en la Cámara de los Lores, lo que plantea dudas sobre su capacidad para convertirse en ley en la actual legislatura.

 

Uno de los principales defensores de la legalización de la eutanasia y el suicidio asistido, Lord Falconer, declaró recientemente a la BBC que es “muy, muy difícil” que el proyecto de ley pueda aprobarse en esta legislatura. El proyecto de ley sobre suicidio asistido se ha estancado en la Cámara de los Lores del Reino Unido en gran medida porque muchos de los Lores han introducido enmiendas que reducirían significativamente el alcance del proyecto de ley.

 

Según el resumen de la BBC, entre las enmiendas se encuentran las siguientes:

 

  • Excluir explícitamente a las mujeres embarazadas de la elegibilidad para la muerte asistida.
  • Restringir la muerte asistida a los casos en que el sufrimiento de una persona no pueda aliviarse con tratamiento.
  • Cambios en la forma en que se evalúa la capacidad de una persona para solicitar la muerte asistida.
  • Exigir la verificación de antecedentes de los familiares cercanos de quienes solicitan la muerte asistida.
  • Aumentar la edad mínima a 25 años.
  • Duplicar el período de reflexión entre evaluaciones.

 

Los activistas provida del Reino Unido se han sentido alentados por el rechazo del proyecto de ley por parte del Senado francés, instando a la Cámara de los Lores británica a seguir el ejemplo.

 

“Es evidente que, una vez legalizado el suicidio asistido o la eutanasia, la actitud de la sociedad hacia sus miembros más vulnerables empeora significativamente”, declaró Catherine Robinson, portavoz de Right To Life UK. “El rechazo del Senado a la cláusula de elegibilidad refleja la creciente preocupación por los riesgos de presión, coerción y la erosión de las protecciones para las personas más vulnerables de la sociedad”.

 

Y añadió: “Los miembros de la Cámara de los Lores deberían inspirarse en este ejemplo del Senado francés: las diferencias irreconciliables sobre el suicidio asistido y la eutanasia implican que la legislación debería ser rechazada, en lugar de aprobar una versión defectuosa e inviable”.

 

 

Los obispos franceses se pronuncian: El suicidio asistido no es compasivo

 

Los obispos católicos franceses se encontraban entre quienes lideraron la oposición al proyecto de ley sobre el suicidio asistido, instando a los legisladores a adoptar un enfoque positivo, holístico y proactivo ante las difíciles cuestiones del final de la vida.

 

En una declaración contundente, filosóficamente rica y extensa antes de la votación, los obispos instaron a los legisladores a rechazar el proyecto de ley, señalando que la oposición católica a la eutanasia y al suicidio asistido no se basa en la oposición al avance de una nueva libertad, sino en profundas preocupaciones humanísticas destinadas a proteger la auténtica autonomía y libertad.

 

“La Iglesia tiene una larga trayectoria acompañando a enfermos y discapacitados, cuidadores, profesionales sanitarios y capellanes en hospitales y residencias de ancianos, y escuchamos la angustia de quienes temen el dolor, la soledad o la pérdida de control”, declararon los obispos.

 

Desde la perspectiva de esta experiencia centenaria de atención a los más vulnerables, advirtieron:

 

Legalizar la eutanasia o el suicidio asistido alteraría profundamente la naturaleza de nuestro contrato social. Tras palabras tranquilizadoras se esconde una realidad que el lenguaje tiende a ocultar. Presentar la eutanasia y el suicidio asistido como actos de cuidado difumina gravemente los límites éticos.

 

Se distorsionan las palabras de su verdadero significado para adormecer las conciencias: esta ofuscación nunca es neutral. No se cuida la vida dando muerte.

 

Los obispos también señalaron que cuando una persona pide morir, en cierta medida es porque su vida “ya no se ajusta a los criterios socialmente normalizados: estar sano, ser útil, estar físicamente apto y no constituir una carga financiera significativa”.

 

La decisión de morir o suicidarse en estos casos, señalaron, no es una expresión auténtica de libertad.

 

“La libertad así concebida corre el riesgo de convertirse en una presión silenciosa, especialmente para los más vulnerables”, argumentaron. “La libertad de cada individuo también debe considerarse en su dimensión relacional: somos interdependientes, y las decisiones de unos afectan a otros. Cargar con la decisión de morir a una persona enferma, una familia o un equipo médico capacitado para curar y no para matar, es negar el misterio de comunión que nos une”.

 

Los obispos también señalaron que su oposición a la legislación no se basa en consideraciones puramente religiosas.

 

Queremos dar a conocer la profunda preocupación expresada por muchas personas enfermas, personas con discapacidad, sus familias y cuidadores. Con esta propuesta de ley, los cuidadores volverían a estar en primera línea y se verían obligados a realizar acciones contrarias a la ética del cuidado y al vínculo de confianza que los une con los pacientes, sus familias o seres queridos. Existe un riesgo significativo de socavar la relación de confianza entre cuidadores, pacientes y su círculo cercano.

 

 

Abusos y daños: cuando la muerte asistida se vuelve peligrosamente accesible

 

Una de las señales más claras de que la situación podría estar cambiando es el creciente número de denuncias de abusos que surgen en jurisdicciones que han legalizado la asistencia médica para morir (MAiD, por sus siglas en inglés).

 

He escrito sobre muchos de estos casos en las últimas semanas y no los repetiré aquí. Sin embargo, una historia reciente pone de manifiesto lo desgarradora que puede llegar a ser la situación una vez que se legaliza la eutanasia.

 

Un informe de enero de 2026 de Ontario relata la historia de una anciana a la que se le practicó la eutanasia en cuestión de horas, incluso después de cambiar de opinión y expresar su deseo de vivir. Los médicos implicados consideraron el caso “urgente” a pesar de las evaluaciones contradictorias, y la mujer fue asesinada ese mismo día.

 

Una anciana en Canadá fue sometida a eutanasia tan solo horas después de comunicar a los médicos que deseaba vivir y recibir cuidados paliativos.

 

Se había enfermado gravemente tras una cirugía de corazón y recibía cuidados en casa de su anciano esposo, quien, según los médicos, sufría de agotamiento por el cuidado.

 

Según una revisión oficial, la mujer le comunicó a un evaluador que quería retirar su solicitud de muerte asistida, alegando “valores personales y religiosos”, y solicitó cuidados paliativos.

 

Su ingreso en cuidados paliativos fue negado rápidamente, y su esposo solicitó una reevaluación “urgente” para la muerte asistida, alegando que ya no podía con su cuidado.

 

Le practicaron la eutanasia esa misma noche.

 

Los evaluadores afirmaron posteriormente que durante el breve plazo no se habían examinado adecuadamente sus verdaderos deseos, y el caso planteó serias dudas sobre el enfoque canadiense en materia de eutanasia.

 

Véase a continuación el mensaje en inglés difundido en la red social X:

 

Estos casos no son aislados.

 

En varios países donde la eutanasia y el suicidio asistido han sido legalizados, defensores y organismos de control han documentado situaciones en las que los pacientes retiran su consentimiento, pero aun así se les practica la eutanasia debido a atajos en el procedimiento. El agotamiento de los cuidadores se considera una justificación para la MAiD en lugar de una indicación de deficiencias en la atención. Además, los criterios de elegibilidad imprecisos o amplios dan lugar a evaluaciones subjetivas de “sufrimiento insoportable” que pueden verse influenciadas por presiones sociales, económicas o familiares.

 

Paradójicamente, muchos activistas progresistas que se oponen firmemente al uso de la pena de muerte, en parte porque puede llevar a la ejecución de quienes son falsamente acusados, parecen extrañamente indiferentes ante las innumerables maneras en que se puede abusar de la MAiD, provocando la muerte de quienes, de hecho, no desean morir. Y no es que el desear morir justifique la eutanasia o el suicidio asistido, pero el matar de esta manera a un paciente que ni siquiera quiere morir convierte en más grave aún un acto que de por sí ya es intrínseca y gravemente malo.

 

 

El avance de la “cultura” de la muerte no es inevitable

 

A veces, puede resultar tentador creer que la expansión de la “cultura” de la muerte es simplemente inevitable.

 

Después de todo, el aborto, el divorcio express y la mentalidad anticonceptiva han arrasado el mundo y no muestran señales de retroceso. Incluso países que alguna vez fueron firmemente provida, como Irlanda, han caído en la legalización del aborto durante los últimos años, y los activistas proaborto están ganando terreno en Latinoamérica.

 

Aclaramos que no estamos condenando a las personas que han caído o aprobado el aborto y la eutanasia. Condenamos ambos crímenes. Pero a estas personas las urgimos al arrepentimiento y sanación que se encuentran en el siempre necesario Sacramento de la Confesión y en los ministerios de reconciliación y sanación postaborto de la Iglesia Católica y otras iglesias. El Señor es infinitamente misericordioso y no quiere la muerte del pecador, sino que éste se convierta y viva (ver Ezequiel 18:23).

 

Sin embargo, los últimos años han deparado varias sorpresas positivas.

 

Precisamente cuando parecía que la ideología de género estaba a punto de apoderarse de todas las instituciones políticas, culturales y educativas, comenzó una repentina y fuerte reacción contra ella. Numerosas jurisdicciones están empezando a restringir los mal llamados “tratamientos” transgénero para jóvenes, y muchas figuras públicas, no pocas de las cuales, por lo demás, son bastante liberales, están expresando sus dudas sobre la ideología de género con una renovada sensación de libertad.

 

En cuanto a la pornografía, cada vez más jurisdicciones están considerando, o ya han implementado, medidas significativas para proteger a los jóvenes, y existe una creciente conciencia de los impactos psicológicos negativos del consumo de material pornográfico.

 

Y además, como comentamos aquí, existe el impulso hacia lo que parecía el “siguiente paso lógico” hacia la victoria total de la “cultura” de la muerte: la eutanasia y el suicidio asistido. Y aquí también, encontramos una renovada preocupación por la lógica perversa y las consecuencias de buscar la muerte como solución. La sabiduría de la firme oposición de la Iglesia a estas prácticas está encontrando repentinamente un eco en legislaturas y periódicos.

 

Para los católicos comprometidos con la enseñanza moral ortodoxa, estos avances son tanto motivo de cautelosa esperanza como un llamado a un compromiso más profundo.

 

En una cultura que lidia con cuestiones de sufrimiento, autonomía y dignidad, los católicos deben seguir siendo voces a favor de la vida, compartiendo la riqueza de las enseñanzas católicas a lo largo y ancho del mundo. Si realmente la marea está cambiando, es porque estas verdades resuenan en nuestros anhelos humanos más profundos: proteger a los débiles, acompañar a los que sufren y honrar la dignidad de cada persona desde el primer instante de su vida hasta su fin natural ordenado por Dios.

 

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