La medida de la sociedad: Cómo sostiene, defiende y promueve a la familia (II)
Padre Shenan J. Boquet
Presidente de Vida Humana Internacional
Publicado originalmente en inglés el 18 de mayo del 2026 en: https://www.hli.org/2026/05/the-measure-of-society-how-it-sustains-defends-and-promotes-the-family/
Vida Humana Internacional agradece a José A. Zunino la traducción de este artículo.
Renovación sin componendas
Al enfatizar que la familia es la Iglesia doméstica y la célula fundamental de la sociedad, el Papa León está siguiendo una venerable tradición.
El Concilio Vaticano II llamó a la familia “la base de la sociedad” y “una escuela de enriquecimiento humano”. Lumen Gentium, documento de este concilio sobre la Iglesia, describe a los cónyuges cristianos diciendo que están formando “una especie de iglesia doméstica” (Nro. 11). En Familiaris Consortio, el Papa San Juan Pablo II enseñó que la familia “tiene la misión de custodiar, revelar y comunicar el amor, y esto es un reflejo vivo y una participación real del amor de Dios por la humanidad y del amor de Cristo Señor por la Iglesia, su esposa” (Nro. 17).
El Catecismo de la Iglesia Católica lo expresa de manera simple: “La familia cristiana es una comunión de personas, signo e imagen de la comunión del Padre y del Hijo en el Espíritu Santo. En la procreación y educación de los hijos refleja la obra de creación del Padre” (Nro. 2205).
En el mismo mensaje citado anteriormente, el Papa León recordó tres temas de Amoris Laetitia que deberían guiar el discernimiento de la reunión de los obispos en octubre.
En primer lugar, necesitamos nuevos métodos pastorales (Nro. 199). Los treinta y cinco años transcurridos desde Familiaris Consortio han producido lo que Amoris Laetitia (AL) llama “cambios antropológicos y culturales” tan pronunciados que los antiguos modos de ministerio familiar ya no se adaptan al momento. El Papa León quiere que los obispos traigan de Roma nuevos enfoques extraídos de lo que ya funciona en la Iglesia local en diferentes partes del mundo.
Al mismo tiempo, ha subrayado que cualesquiera que sean los nuevos métodos pastorales que surjan, deben aplicarse sin comprometer la verdad de la indisolubilidad de la alianza matrimonial. Eso es lo que el Papa León dijo a los jueces de la Rota Romana en enero de este año de 2026, diciendo que están llamados a “guardar la verdad con rigor pero sin rigidez, y a ejercer la caridad sin omisión”. Los obispos deberán aplicar ese mismo estándar a cada cuestión pastoral que esté sobre la mesa. La renovación pastoral no es un ablandamiento doctrinal. El Papa León lo ha dicho claramente.
En segundo lugar, debemos prestar atención a la educación de los niños (AL, cap. VII). Las familias católicas, nos recordó el Papa en el Jubileo de las Familias, son responsables de transmitir la fe “junto con la vida, generación tras generación”. Esa transferencia no puede subcontratarse a la parroquia, a la escuela o al catequista. Sucede en la mesa familiar. En otras palabras, no debemos tener una pastoral de la sustitución de los padres de familia, sino de la capacitación de los padres de familia.
En tercer lugar, debemos prestar atención a la espiritualidad de la vida familiar (AL, n. 313). El Santo Padre destacó una espiritualidad “compuesta de miles de pequeños pero reales gestos” (AL, n. 315), la fidelidad cotidiana y nada dramática de maridos, esposas, padres, abuelos e hijos.
Una palabra para las familias y los pastores
El Santo Padre ha llamado a los obispos a Roma. Sin embargo, el trabajo final que él pide no se puede realizar en Roma. Debe hacerse en la parroquia, en el hogar, en la mesa de la cena, en el aula y junto a la cama de los ancianos.
Imagínese si todas las familias católicas leyeran juntas el mensaje de aniversario del Papa León esta semana. Si cada párroco predicara sobre la dignidad del matrimonio como medida del amor verdadero, más que como un ideal sentimental. Si cada ministerio familiar diocesano tomara en serio la advertencia del Santo Padre de que, en muchos lugares, la Iglesia no puede ser sal de la tierra sin la familia.
Ésa es la verdadera labor que la cumbre de octubre sólo puede comenzar. Sin él, la cumbre será un documento más archivado.
“A vosotros, queridos padres: el Santo Padre os pide que viváis vuestra vocación con renovada claridad. Vuestra fidelidad mutua y vuestra paciente transmisión de la fe a vuestros hijos son de enorme importancia. No las subestiméis.
“A vosotros, queridos pastores: el Santo Padre os pide que prediquéis con valentía esta enseñanza. Para bendecir y acompañar a las familias. Decir lo que la Iglesia realmente enseña sobre el matrimonio, no simplemente hablar cálidamente sobre ello. Los obispos reunidos en Roma necesitan vuestra valentía ahora, en el púlpito y en el confesionario, no sólo en octubre cuando los obispos se reúnan con el Papa.
“Y a los abuelos: el Santo Padre ha reconocido vuestra importancia. En el Jubileo os dio un encargo específico. Cuida a tus seres queridos ‘con sabiduría y compasión, y con la humildad y paciencia que vienen con la edad’. Cuando los padres están exhaustos, distraídos o ausentes, la oración y la presencia constante de una abuela o un abuelo pueden mantener unida a la familia. Muchos niños adultos que hoy se han alejado de la Iglesia regresarán, con la gracia de Dios, a través del testimonio de los abuelos que nunca dejaron de orar por ellos.”
Y a todos nosotros el Santo Padre nos pide oración. Ha confiado el camino a San José. Unámonos a él en esa tarea. Oremos por los obispos que se reunirán en Roma. Oremos por las familias de nuestras parroquias, en sus alegrías y en sus heridas. Oremos para que la cuna del futuro de la humanidad, para usar la propia imagen del Papa León, pueda volver a ser un lugar donde los niños sean bienvenidos, donde los cónyuges sean fieles y donde la fe se transmita de una generación a la siguiente.
El Papa San Juan Pablo II, en Familiaris Consortio, colocó la identidad de la familia y su misión en un solo mandamiento: “Familia, conviértete en lo que eres” (Nro. 17). Ése, al final, es la labor de la cumbre de octubre. Que Nuestro Señor, a través de las oraciones de la Sagrada Familia, conceda al Papa León y a sus hermanos obispos la valentía y la claridad que requiere la hora.
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