Organizaciones médicas de EEUU advierten contra la “afirmación de género”

 

Padre Shenan J. Boquet

Presidente de Vida Humana Internacional

  1. 02-13-26

 

Publicado originalmente en inglés el 9 de febrero del 2026 en: https://www.hli.org/2026/02/an-encouraging-return-to-reason-american-medical-organizations-warn-against-gender-affirming-care-for-minors/

 

Vida Humana Internacional agradece a José A. Zunino la traducción de este artículo.

 

 

La cantidad de noticias positivas que he tenido el placer de compartir con ustedes en los últimos meses es asombrosa. Me llena de esperanza.

 

La semana pasada, les hablé sobre cómo las medidas a favor de la eutanasia y el suicidio asistido se están estancando en varios países europeos, mientras que quienes se oponen a ellas plantean serias preocupaciones sobre el abuso de estas leyes en otros países, y sobre cómo existen opciones que protegen la dignidad humana y brindan un apoyo auténtico y amoroso a quienes enfrentan situaciones y dilemas al final de la vida, por ejemplo, por medio de mejores cuidados paliativos.

 

Ahora, esta semana puedo informarles de un nuevo avance notable en la lucha contra la ideología radical de género. Se trata de un alentador retorno a la razón: ciertas organizaciones médicas estadounidenses advierten contra la “atención médica que afirma el género” para menores de edad.

 

 

Dos organizaciones médicas importantes de EEUU declaran que las cirugías transgénero no tienen respaldo científico

 

Durante años, los expertos nos han dicho que la llamada “atención para afirmar el género” para jóvenes estaba impulsada por la compasión, respaldada por la evidencia y guiada por un juicio médico sensato. Y durante años, a cualquiera que planteara preguntas serias se le aseguraba, como mínimo, que la “ciencia ya lo había decidido”.

 

Sin embargo, con mayor frecuencia, se nos acusaba de ser intolerantes que representaban una amenaza para la vida de las personas transgénero. Y ello tenía lugar aun en el caso de que solamente planteáramos dudas sobre la idea de ayudar a los jóvenes a “transicionar” de género. Estos acusadores no tomaban en cuenta de que dichas “transiciones” incluían la amputación de partes del cuerpo o el suministro de dosis de por vida de fármacos extremadamente potentes que les causaban daños de por vida a menores de edad y a adolescentes. La semana pasada, la falsa narrativa de nuestros detractores recibió un duro golpe, por decirlo suavemente.

 

En los últimos días, dos de las organizaciones médicas estadounidenses más grandes e influyentes publicaron declaraciones que respaldaban límites significativos a las intervenciones quirúrgicas para menores destinadas a ayudarlos a transicionar al “género opuesto”.

 

En un extenso comunicado, publicado el 3 de febrero de este año de 2026, la Sociedad Americana de Cirujanos Plásticos (ASPS, por sus siglas en inglés) afirmó que dichas cirugías deberían retrasarse hasta al menos los 19 años. A esto le siguió la Asociación Médica Americana (AMA, por sus siglas en inglés), la organización médica más influyente de EEUU, la cual publicó su propia declaración coincidiendo con la ASPS. “Ante la ausencia de evidencia clara, la AMA está de acuerdo con la ASPS en que las intervenciones quirúrgicas en menores deberían generalmente posponerse hasta la edad adulta”, afirmó la AMA.

 

Uno de los aspectos más sorprendentes de la declaración de la ASPS es la franqueza con la que reconoce la falta de fundamento científico de los intentos de “tratar” la “disforia de género” mediante intervenciones quirúrgicas.  La ASPS señala que el manejo clínico de niños y adolescentes con disforia de género “ha experimentado cambios rápidos” y que recientes reevaluaciones de la evidencia han encontrado “limitaciones en la calidad, la consistencia y el seguimiento de los estudios”, junto con “evidencia emergente de complicaciones y posibles daños del tratamiento”. Es una forma cortés de decir algo contundente: la comunidad médica actuó con rapidez, mientras que la evidencia se mantuvo escasa. Y los niños pagaron las consecuencias.

 

Nota del Editor: Por “disforia de género” se entiende la marcada incongruencia que la persona experimenta interiormente entre su sexo real biológico y su identificación subjetiva de pertenecer al sexo opuesto. Esta disforia causa una gran ansiedad y malestar psicológico en la persona que sufre este desorden. Nosotros preferimos el término “desorden de identidad sexual”. Ello se debe a que el término “género” no carece de fundamento científico alguno, sino que ha sido ideologizado desde hace ya décadas, para referirse a una identidad sexual interna que no se corresponde con el sexo real biológico. La palabra “género” solo debe utilizarse para referirse a las cosas, v.gr., el lápiz, la silla, etc. Para las personas solo debe utilizarse el término “sexo”. Por lo tanto, no se debe decir que sólo hay dos géneros, sino más bien que sólo hay dos sexos: el masculino y el femenino.

 

 

Un cambio radical

 

Es difícil exagerar la radicalidad de este cambio. En muchos círculos progresistas de izquierda, desde hace tiempo se ha establecido como una ortodoxia que nunca se debe cuestionar la validez de los [mal] llamados “tratamientos” de género. Las noticias están repletas de historias de personas que han sido expulsadas de la sociedad “educada” o del mundo académico, simplemente porque se preguntaban si los datos realmente respaldaban intervenciones tan drásticas para algo (es decir, la disforia de género) que las investigaciones han demostrado sistemáticamente que la mayoría de los jóvenes superan de forma natural.

 

El caso de J.K. Rowling es sumamente ilustrativo. Considerada en su día una de las figuras más destacadas del progresismo, una feminista autoproclamada y que había demostrado su postura, en los últimos años ha sido objeto de enérgicos intentos de cancelación por parte de la izquierda. A lo largo de todo este proceso, ha sido acosada en redes sociales hasta un punto inimaginable. Y todo esto se debe a que ha expresado su preocupación por someter a los niños a procedimientos tan radicales y por señalar las numerosas consecuencias negativas que se siguen de negar una realidad tan respaldada científicamente como el sexo binario en los seres humanos.

 

Debido a su importancia, a continuación citamos en cursiva y en extenso la traducción de las declaraciones de JK Rowling publicadas en su cuenta @jk rowling en la red social X el pasado 3 de febrero:

 

Una joven destransicionista [es decir, arrepentida de haber intentado el mal llamado “cambio de sexo”], Fox Varian, obtuvo una indemnización de 2 millones de dólares en una demanda por negligencia médica. Demandó al psicólogo y al cirujano que aprobaron su mastectomía doble a los 16 años. La madre de Varian testificó que se había opuesto a la cirugía, pero que la presionaron para que aceptara porque le habían dicho que, a menos que su hija “transicionara”, probablemente se suicidaría.

 

A medida que se abren las puertas y cada vez más destransicionistas demandan a los médicos que las sometieron a un experimento médico no regulado, los activistas de la identidad de género seguramente seguirán pasando por alto cualquier evidencia que no respalde su narrativa preferida.

 

Seguirán insistiendo en que casi ninguna persona transicionista se arrepiente de sus procedimientos irreversibles, que los médicos especialistas en género saben exactamente lo que hacen, que las cirugías, las hormonas cruzadas y los bloqueadores de la pubertad tienen beneficios comprobados y que los menores a quienes se les niegan estos tratamientos están dispuestos a suicidarse. Todo eso es mentira.

 

En su intervención en la conferencia WPATH de 2021, el consultor británico en endocrinología Leighton Seal admitió: “Aquí realizamos procedimientos sin datos de resultados”. Una mujer de Utah comentó que sentía que los profesionales de la salud como ella improvisaban sobre la marcha: “Porque siento que todos improvisamos, ¿sabes? Y está bien, tú también estás improvisando. Pero quizás podamos improvisar juntos”. (https://thefp.com/p/were-all-just-winging-it-what-the)

 

Estos hechos pasarán a la historia como uno de los peores escándalos médicos de todos los tiempos. Ciertos adultos, tanto dentro como fuera de la profesión médica, convencieron a jóvenes con problemas como Varian de que todos sus complejos traumas se resolverían extirpando partes sanas del cuerpo. A medida que más personas que han destransicionado llegan a los tribunales, el público conocerá la magnitud del daño infligido a los niños en nombre de una ideología. Los médicos que realizan estos “tratamientos” pasarán a la historia como activistas bárbaros que traicionaron un juramento sagrado: no hacer daño. Pero nunca debemos olvidar cuántas personas ajenas a la profesión médica animaron a estos jóvenes, asegurándoles alegremente que cualquiera que aconsejara precaución era un intolerante malvado.

 

Hay personas en profesiones elitistas como la publicación y la academia, por no hablar de políticos y celebridades con jóvenes seguidores, que hicieron todo lo posible por defender la idea de la identidad de género y siguieron impulsándola incluso a medida que aumentaban las pruebas de los daños. Son tan culpables como los médicos. Demasiado perezosos para pensar más allá de los mantras de moda que les consiguieron “me gusta” en las redes sociales, demasiado arrogantes para analizar las pruebas de alguien ajeno a su círculo político, han difamado a los denunciantes y atacado a cualquiera con preguntas válidas. Al hacerlo, han creado un clima cultural sin el cual esta terrible tragedia no habría ocurrido.

 

Nunca lo olviden, porque solo aprendiendo la lección podremos evitar que esto vuelva a suceder.

 

Y ahora, dos organizaciones médicas con una larga trayectoria de doblegarse a la ortodoxia progresista han adoptado posturas públicas que validan lo que tantas personas sensatas han sabido desde el principio.

 

Es muy difícil en este momento abstenerse de decir “ya te lo dije”. Si bien la declaración de la ASPS es un avance, las investigaciones que demuestran que la disforia de género en jóvenes tiende a ser transitoria y a resolverse espontáneamente si se deja pasar existen desde hace tiempo. Nunca debería haber tardado tanto tiempo en que asociaciones médicas como la ASPS reconocieran públicamente este hecho.

 

Observen lo general que es la declaración de la ASPS. No se limita a recomendar “seamos más cuidadosos”. No dice: “Procedan, pero háganlo mejor”. Concluye que hay “evidencia insuficiente” para una “proporción riesgo-beneficio favorable” para continuar con las intervenciones endocrinas y quirúrgicas en niños y adolescentes. Punto.

 

Como continúa la declaración, los pediatras no tienen forma de diferenciar entre los jóvenes que se recuperarán de la disforia de género sin intervención y aquellos que pueden experimentar angustia persistente.

 

Sin embargo, al tratar a cada joven con problemas como si su disforia de género fuera una sentencia de por vida, los ideólogos de género están causando un daño irreparable a un número indeterminado de jóvenes que, de no ser “tratados”, habrían tenido una relación perfectamente normal y sana con su sexo.

 

Como señala la ASPS, hay mucho en juego en estos supuestos “tratamientos” de género. Dichas intervenciones pueden “modificar permanentemente la función sexual, la fertilidad, la personificación y las futuras necesidades médicas”. Es decir, las partes del cuerpo amputadas no se pueden reponer.

 

Y la fertilidad que estos procedimientos destruyen no se puede restaurar. Y la necesidad de medicamentos de por vida para controlar las consecuencias de estos procedimientos es irreversible.

 

En un mundo donde los jóvenes necesitan el permiso de sus padres para tomar Tylenol en la escuela, es una auténtica locura que hayamos vivido una década en la que innumerables jóvenes han sido encaminados hacia intervenciones irreversibles, basadas en evidencia médica inexistente.

 

 

Una falsa autonomía

 

Los defensores de la medicina de “transición” juvenil se han apoyado considerablemente en el lenguaje de la “autonomía”.

 

Se nos ha dicho que si un adolescente “sabe quién es”, entonces se les dice a los adultos (padres y médicos) que deben “afirmar” ese autoconocimiento, incluso con intervenciones permanentes. Hacer algo menos, se afirmaba comúnmente, sería empujar a los niños vulnerables que sufren de disforia de género al suicidio.

 

La ASPS cuestiona directamente este enfoque. Señala que la autonomía no obliga a los médicos a proporcionar intervenciones “en ausencia de un perfil de riesgo-beneficio favorable”, especialmente cuando la capacidad de toma de decisiones aún está en desarrollo en los casos de menores de edad y adolescentes.

 

La ASPS también advierte a los cirujanos que no consideren el haber remitido previamente estos jóvenes a otros médicos  como un sustituto de su propio criterio. “Una intervención médica previa, el haber remitido a otro galeno o una carta de apoyo” no es un indicador de preparación o indicación, afirma la declaración, ya que los cirujanos conservan la “responsabilidad profesional independiente” de evaluar el riesgo-beneficio en medio de la incertidumbre.

 

Esta es una crítica discreta a un sistema que, en muchos lugares, ha funcionado como una cadena de montaje.

 

La realidad es que los adolescentes que sufren disforia de género, y a menudo bajo la influencia de ideólogos radicales en las redes sociales o en la escuela, simplemente no están preparados para dar su consentimiento a las drásticas consecuencias que alteran la vida de las cirugías de “transición de género”. ¿Cómo puede un joven de 16 años comprender lo que significa renunciar a su fertilidad, de por vida, por sentimientos que bien podrían resolverse por sí solos si se les deja en paz?

 

Eso no es auténtica autonomía.

 

 

Una motivación oculta

 

Pero, para evitar que se piense que la ASPS y la AMA han cambiado de opinión repentinamente y que su motivación es puramente científica, cabe considerar algo más que ha cambiado en los últimos años: personas, ahora adultas, que en su juventud se sometieron a experimentales intervenciones transgénero que les cambiaron la vida, ahora están llevando a sus médicos y hospitales a los tribunales.

 

Y están ganando.

 

El campo de la llamada “atención médica para personas transgénero” se ha visto sacudido por decenas de demandas presentadas por personas que se arrepienten de los procedimientos a los que se sometieron en la adolescencia. La semana pasada, un jurado de Nueva York otorgó 2 millones de dólares a una mujer que afirmó que una mastectomía en la adolescencia la dejó desfigurada.

 

Fox Varian tenía solo 16 años cuando los cirujanos le realizaron una mastectomía doble. Como informa Yahoo News: “El 30 de enero [de 2026], un jurado de Nueva York declaró responsables de negligencia médica a dos profesionales médicos involucrados en el caso de Varian, alegando que se habían saltado pasos clave al determinar si una cirugía irreversible era la mejor opción”.

 

Quienes defienden a las personas afectadas por intervenciones quirúrgicas y médicas para la disforia de género predicen que se han abierto las puertas. Se pagarán millones de dólares a personas que fueron sometidas a procedimientos que les cambiaron la vida por médicos e ideólogos sin escrúpulos.

 

 

El gobierno federal  de EEUU celebra los avances

 

Cabe destacar la respuesta del gobierno federal a las nuevas declaraciones médicas. En un comunicado de prensa del 3 de febrero [de 2026], los líderes del Departamento de Salud y Servicios Humanos (HHS, por sus siglas en inglés) elogiaron a los cirujanos plásticos por “rechazar los procedimientos pediátricos de rechazo sexual”. El secretario Robert F. Kennedy, Jr., afirmó que la ASPS estaba “defendiendo la ciencia sólida” y ayudando a proteger a los niños de “daños irreversibles”.

 

El subsecretario Jim O’Neill lo calificó como “otra victoria para la verdad biológica”. Por su parte, el administrador de los Centros de Servicios de Medicare y Medicaid (CMS, por sus siglas en inglés), Mehmet Oz, comparó los “procedimientos pediátricos de rechazo sexual” con las lobotomías en términos de cómo las generaciones futuras podrían juzgarlos.

 

Una de las primeras medidas del gobierno de Trump fue revertir todas las órdenes ejecutivas erróneas del gobierno de Biden sobre ideología de género. Aunque algunos consideran que muchas de las medidas de la administración Trump son poco populares, los esfuerzos por frenar a los ideólogos de género se han encontrado generalmente con relativo silencio o aprobación.

 

La razón es bastante simple: la mayoría de la gente común, incluyendo a muchos que se autodenominan liberales, considera que es una locura moral la idea de realizar procedimientos quirúrgicos o médicos irreversibles a niñas que no están en absoluto preparadas para comprender o consentir a intervenciones tan drásticas.

 

De igual manera, muchos padres de todas las tendencias políticas están cada vez más preocupados por la forma en que los ideólogos pisotean el sentido común en cuestiones como los deportes y los espacios segregados por sexo.  Resulta también que a los padres de niñas no les entusiasma la idea de que sus hijas compitan contra varones biológicos o compartan espacios íntimos con personas del sexo opuesto – por decirlo “diplomáticamente”.

 

 

La claridad profética de la antropología católica

 

En declaraciones a EWTN, el Dr. Alfonso Oliva, miembro de la junta directiva de la Asociación Médica Católica de EEUU, acogió con satisfacción la declaración de la ASPS, afirmando que “es un paso importante para proteger a los adolescentes de cualquier daño”. Añadió que, en su opinión, se debería ir más allá, abogando por posponer dichas cirugías hasta por lo menos los 25 años, cuando “el cerebro del adulto joven está completamente formado”.

 

En realidad, las mal llamadas “transiciones de género” son tan malas que nadie de ninguna edad debería someterse a ellas. Tampoco ningún médico con un gramo de moral debería aceptar realizarlas ni tampoco remitir a otro galeno para que las realice.

 

El Dr. Oliva también destacó lo que los médicos clínicos se han mostrado reacios a admitir públicamente, a saber, que es “casi imposible” predecir qué adolescentes persistirán en la disforia de género y cuáles desistirán, y que “la mayoría de los adolescentes con disforia de género, con el tiempo, desistirán por sí solos”.

 

“Tiene más sentido tratarlos principalmente mediante psicoterapia, en lugar de cambiar irreversiblemente su biología física”, especialmente dadas las consecuencias para la función sexual y la reproducción, por no decir la salud en su totalidad.

 

Esto es de sentido común. Sin embargo, desde la perspectiva católica, no es solo cuestión de sentido común, sino también un reflejo de una profunda antropología que resulta profética a la luz de estos recientes acontecimientos.

 

La Iglesia siempre ha insistido en que la persona humana es una unidad de cuerpo y alma. El cuerpo no es materia prima para la autoinvención. La diferencia sexual no es una imposición ni es aleatoria. Es un don inscrito profundamente en el cuerpo, ordenado a la comunión y la fecundidad.

 

Ninguna intervención superficial, aunque radical, puede borrar la diferenciación sexual que impregna cada célula del cuerpo humano y que se refleja en la consciencia de la persona sexuada. El esfuerzo mismo no es nada menos que un rechazo diabólico de la preeminencia del cuerpo y del sexo, en un intento prometeico, demencial y finalmente condenado al fracaso, de rehacer la realidad.

 

Por eso el Papa Francisco advirtió con tanta frecuencia sobre la “teoría de género” y sus efectos en la infancia. Durante su pontificado, criticó con frecuencia la ideología de género, como cuando exclamó a los obispos polacos: “Hoy en día, a los niños ¡niños! se les enseña en la escuela que cada uno puede elegir su sexo. ¿Por qué enseñan esto?”.

 

 

Insuficiente

 

Estos avances no ponen fin al debate. Sin embargo, marcan un punto de inflexión.

 

Podemos agradecer una reacción negativa cuando protege a la infancia. También podemos ser honestos sobre por qué ocurrió. Los progresistas extremistas fueron demasiado lejos. Y algunos de ellos están a punto de pagar las consecuencias, con demandas perdidas y cuantiosas indemnizaciones por negligencia.

 

La realidad lleva tiempo resistiéndose. Esta semana, lo hizo con fuerza.

 

Sin embargo, no es suficiente. Ni de lejos. Estas declaraciones solo rechazan las intervenciones quirúrgicas. Deberían extenderse a las llamadas intervenciones “médicas” (es decir, aquellas que emplean potentes fármacos), que pueden tener muchos de los mismos efectos negativos, a largo plazo, que los procedimientos quirúrgicos, como la infertilidad de por vida.

 

La pregunta ahora es si nuestras instituciones tendrán la humildad y la entereza de seguir la evidencia y la ética, o si seguirán intentando silenciar la verdad hasta que el próximo veredicto del jurado las obligue a escuchar.

 

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