Proyecto de ley estatal en Nueva York eliminaría los términos “madre” y “padre” (II)

 

Shenan J. Boquet – presidente de Vida Humana Internacional

 

Publicado originalmente en inglés el 29 de junio del 2026 en: https://www.hli.org/2026/06/new-york-bill-would-erase-mother-and-father-from-state-law/

 

Vida Humana Internacional agradece a José A. Zunino la traducción de este artículo.

 

 

Nueva York forma parte de una tendencia y un proyecto a largo plazo más amplio

 

Ojalá pudiera decir que Albany es una excepción. No lo es.

 

Lo que Nueva York está haciendo actualmente mediante una ley, otros países lo llevan haciendo durante años a través de sus escuelas, tribunales y clínicas. Canadá, Alemania, Nueva Zelanda y Suecia han incorporado la autodeclaración de “identidad de género” y los pronombres preferidos a sus políticas y leyes, considerando el sexo de una persona como algo “asignado al nacer” en lugar de reconocido en la concepción. Aquí en Estados Unidos, el gobierno de Biden impuso unilateralmente la ideología de género mediante numerosas órdenes ejecutivas, que afortunadamente fueron revocadas por el gobierno de Trump.

 

La premisa subyacente es la misma. Los ideólogos de género afirman que nuestro cuerpo no revela nada sobre nuestra identidad. Argumentan que “hombre” y “mujer”, “madre” y “padre”, son construcciones sociales que podemos modificar según nuestros sentimientos. ¡Al diablo con la biología, los hechos y la realidad!

 

El papa León XIV abordó esta tentación en su primera encíclica, Magnifica Humanitas, publicada en mayo. En contra de una cultura que trata al ser humano como materia prima para ser perfeccionada, el Santo Padre insiste en que una persona nunca es “un proyecto a optimizar”, sino un ser “llamado a la relación y la comunión”.

 

El difunto Papa Benedicto XVI ya vislumbró las consecuencias de este enfoque hace década y media. En su discurso de 2012 ante la Curia Romana, calificó la ideología de género como una “revolución antropológica” basada en una “profunda falsedad”. Según la ideología de género, afirmó, “el sexo ya no es un elemento natural que el ser humano deba aceptar y comprender personalmente; es un rol social que elegimos, mientras que en el pasado era elegido por la sociedad”.

 

Según el relato bíblico de la creación, continuó el Papa Benedicto XV, ser creados por Dios como hombre y mujer pertenece a la esencia de la criatura humana. Esta dualidad es un aspecto esencial de lo que significa ser humano, tal como lo ordenó Dios. Esta misma dualidad, como algo dado de antemano, es lo que ahora se cuestiona. El hombre pone en tela de juicio su naturaleza. De ahora en adelante, es simplemente espíritu y voluntad. Y ese espíritu y esa voluntad, podemos añadir a las sabias palabras del Papa, quedan desencarnados, separados mentalmente del cuerpo y de su importancia fundamental en cuanto a las relaciones interpersonales, especialmente entre los esposos y entre los padres con sus hijos.

 

 

Enseñanza de la Iglesia: Hombre y mujer los creó

 

Ante todo, esto, la Iglesia ofrece una enseñanza sobre la naturaleza humana, comenzando donde comienza la Escritura: “Dios creó al hombre a su imagen, varón y mujer los creó” (Génesis 1:27). Nuestro ser hombre o mujer no es un accidente, sino que está intrínsecamente ligado a la naturaleza humana.

El Catecismo de la Iglesia Católica explica que la persona humana es una unidad de cuerpo y alma, un “alma encarnada”, y que el cuerpo no es un disfraz que el verdadero ser lleva puesto. Como lo expresa el Catecismo:

 

El cuerpo humano comparte la dignidad de “la imagen de Dios”: es cuerpo humano precisamente porque está animado por un alma espiritual. El hombre, aunque hecho de cuerpo y alma, es una unidad. Por eso el hombre no puede despreciar su vida corporal. Más bien está obligado a considerar bueno su cuerpo y a honrarlo, ya que Dios lo creó (Nro. 364).

 

El alma, continúa el Catecismo, es la “forma” del cuerpo [es su principio vital, lo que hace que nuestro cuerpo sea un cuerpo humano y no el de un animal]; en el ser humano, espíritu y materia “no son dos naturalezas unidas, sino que su unión forma una sola naturaleza” [la naturaleza humana] (Nro. 365). En otras palabras, el cuerpo que recibimos en la concepción no es una prisión del alma ni un error. Revela a la persona. Y el sexo inscrito en ese cuerpo es algo real y dado por Dios Creador. El médico que lo anota al nacer reconoce algo verdadero, no lo decide.

 

 

Cómo la ideología de género ataca a la familia

 

En el mismo discurso del Papa Benedicto XVI citado anteriormente, el difunto Santo Padre señaló que la ideología de género, en última instancia, constituye un profundo ataque a la familia.

 

“Si en la creación no existe una dualidad preestablecida entre hombre y mujer, entonces la familia deja de ser una realidad creada. Asimismo, el niño pierde el lugar que ocupaba hasta entonces y la dignidad que le correspondía. Cuando la libertad de ser creativo se convierte en la libertad de crearse a uno mismo, necesariamente se niega al Creador y, en última instancia, el hombre también se ve despojado de su dignidad como criatura de Dios, como imagen de Dios en lo más profundo de su ser. La defensa de la familia se centra en el hombre [en el ser humano] mismo. Y queda claro que cuando se niega a Dios, la dignidad humana también desaparece. Quien defiende a Dios defiende al hombre”.

 

Como siempre, quienes pagan las consecuencias son los niños. A un niño al que desde pequeño se le dice que “madre” y “padre” son intercambiables, que su propio cuerpo es un problema que debe corregirse, no se le ha dado libertad. Se le ha inculcado confusión.

 

No podría haber una ilustración más clara de esto que un artículo recientemente publicado en el New York Times con motivo del Día del Padre. El artículo es en realidad una serie de caricaturas, escritas por una mujer que se identifica como “hombre transgénero” (es decir, una mujer que se ha sometido a procedimientos y ha tomado medicamentos para parecerse a un hombre), explicando cómo su identidad transgénero ha afectado a su hijo.

 

El propósito del artículo es “demostrar” que identificarse como transgénero no supone un gran problema para los hijos. En realidad, se trata de un relato desgarrador de cómo la confusión de un adulto transmite esa misma confusión a su hijo. Una de las caricaturas muestra a la hija de la mujer colgada boca abajo de las barras del parquecito infantil en la escuela diciendo: “Quiero dejarme barba cuando sea mayor”. Cuando una de sus amigas le dice: “No puedes dejarte barba. Eres una chica”, la niña responde: “Mi papá sí, y era una chica”. En otra viñeta, la mujer y su hija caminan juntas, y se ve a la niña preguntando: “¿Cuánto tiempo tuviste pechos, papá?”.

 

En el artículo absolutamente repugnante del New York Times, el autor creía que estaba mostrando la normalidad del transgenerismo. En cambio, estaba mostrando el impacto devastador de la ideología de género en la familia y en los niños. Me duele el corazón por esa hermosa niña.

 

 

El error más profundo detrás del proyecto de ley de Nueva York

 

La gobernadora Hochul aún puede vetar este proyecto de ley, y debemos orar para que lo haga. Pero el error más profundo no desaparecerá, porque no comenzó en Albany ni terminará allí. Ya lo hemos visto antes: en la anticoncepción que separó el amor de la vida, en el divorcio express que socavó los cimientos de la familia y ha causado un sufrimiento incalculable a los niños, y ahora en una ideología de género que trata el cuerpo como algo irrelevante, como algo que se puede manipular según ideas equivocadas.

 

En última instancia, la ideología de género es simplemente el siguiente paso en ese profundo error antropológico que afirma que el hombre se hace a sí mismo, y, por lo tanto, puede ejercer su poder sobre su cuerpo sin restricciones, en lugar de recibir lo que es del Creador y vivir en conformidad con la naturaleza que Él nos ha dado como don Suyo.

 

La respuesta de la Iglesia no cambia. Afirmamos, sin reservas, que el cuerpo es un don, que los hombres son hombres y las mujeres son mujeres, que todo niño tiene una madre y un padre y merece ambos, y que ninguna legislatura puede derogar estas verdades modificando un diccionario.

 

Los obispos de Nueva York tienen razón. Las palabras importan. Mucho antes de que cualquier legislatura hablara, Dios pronunció la primera palabra sobre cada uno de nosotros. Nos creó hombre y mujer y dijo que éramos muy buenos (Génesis 1:31). No podemos renegar de la creación de Dios. Solo se nos pide que la recibamos y que vivamos como los hijos e hijas que Él nos creó para ser.

 

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