Restauremos la definición natural del matrimonio (I)

 

Padre Shenan J. Boquet

Presidente de Vida Humana Internacional

 

Publicado originalmente en inglés el 16 de febrero del 2026 en: https://www.hli.org/2026/03/restoring-the-natural-definition-of-marriage/

 

Vida Humana Internacional agradece a José A. Zunino la traducción de este artículo.

 

 

Introducción

 

Este jueves 19 de marzo, la Iglesia celebra la Solemnidad de San José, Esposo de la Santísima Virgen María y Patrono de la Iglesia Universal.

 

De entre todos los santos, José es el modelo de paternidad fiel: el hombre a quien Dios confió la protección de la Sagrada Familia, y que cumplió esa misión con una devoción serena e inquebrantable. En él vemos lo que significan el matrimonio y la paternidad: una entrega sacrificial, orientada al bien del cónyuge y los hijos, arraigada en la obediencia al plan de Dios.

 

Resulta apropiado, entonces, que, al acercarnos a esta gran solemnidad, la cuestión del matrimonio haya vuelto a ocupar un lugar central en el debate público de una manera inesperada.

 

El 10 de marzo, la Cámara de Representantes del Estado de Idaho aprobó la Resolución Conjunta 17 por 44 votos a favor y 26 en contra. Esta resolución declara que la Legislatura de Idaho rechaza la decisión Obergefell e insta a la Corte Suprema de los Estados Unidos a revocarla y restablecer la definición natural del matrimonio: la unión de un hombre y una mujer.

 

Como recordarán, Obergefell fue la decisión de la Corte Suprema de los Estados Unidos que impuso el matrimonio entre personas del mismo sexo en el país por decreto judicial.

 

La resolución, patrocinada por el Representante Tony Wisniewski, declara que el fallo de la Corte Suprema de 2015 en el caso Obergefell contra Hodges anuló de manera arbitraria e injusta la concepción del matrimonio que ha sido reconocida como la unión de un hombre y una mujer durante más de 2000 años. En 2006, los votantes de Idaho enmendaron su constitución estatal para definir el matrimonio precisamente en esos términos, pero la enmienda fue anulada por los tribunales federales.

 

La resolución ahora pasa al Senado de Idaho.

 

Cabe destacar que Idaho no es el único estado que considera una resolución de este tipo. Según Newsweek, al menos nueve estados han presentado medidas similares: Michigan, Idaho, Montana, Dakota del Norte, Dakota del Sur, Misuri, Oklahoma, Tennessee y Texas.

 

 

Los casos Obergefell vs. Hodges y Roe vs. Wade: ejemplos claros de flagrante activismo judicial

 

Cuando la Corte Suprema de Estados Unidos emitió su fallo en el caso Obergefell en junio de 2015, no descubrió un derecho que siempre hubiera existido en la Constitución. Lo inventó. Punto final.

 

Por una mayoría de 5 a 4, el Tribunal declaró que la Decimocuarta Enmienda exigía que todos los estados autorizaran y reconocieran los matrimonios entre personas del mismo sexo, a pesar de que tal derecho nunca había sido reconocido en la legislación estadounidense y de que los ciudadanos de numerosos estados habían votado explícitamente para definir el matrimonio como la unión entre un hombre y una mujer.

 

Los paralelismos con el caso Roe contra Wade son innegables.

 

En ambos casos, el Tribunal fabricó un derecho constitucional que el texto no contiene, obstaculizó el proceso democrático y elevó la autonomía individual a la categoría de valor supremo, desvinculada de cualquier obligación con la verdad, la naturaleza o el bien común.

 

La arrogancia de los jueces que se atrevieron a imponer su voluntad a toda la nación utilizando un razonamiento jurídico falaz como pretexto es sencillamente asombrosa. En el caso de Roe v. Wade, las consecuencias fueron casi incalculables: millones de niños no nacidos han muerto. En el caso de Obergefell, las consecuencias son más sutiles, pero igualmente trascendentales, ya que la decisión redefinió radicalmente uno de los pilares fundamentales de la sociedad: el matrimonio y la familia que se funda en él.

 

 

Las leyes dan forma a la sociedad e influyen en las almas

 

Como suelo recalcar en esta columna, la ley no es moralmente neutral. Como escribió el Papa San Juan Pablo II en Evangelium Vitae, las leyes civiles “desempeñan un papel muy importante y, a veces, decisivo en la configuración de los patrones de pensamiento y comportamiento” (Nro. 90).

 

El documento de la Congregación para la Doctrina de la Fe de 2003 sobre las propuestas para el reconocimiento de las uniones entre personas del mismo sexo desarrolla este punto, señalando:

 

Si, desde el punto de vista legal, el matrimonio entre un hombre y una mujer se considerara tan solo una forma posible de matrimonio, el concepto de matrimonio sufriría una transformación radical, con grave perjuicio para el bien común.

 

El documento de la Congregación para la Doctrina de la Fe agregó:

 

El reconocimiento legal de las uniones homosexuales o equipararlas al matrimonio no solo supondría la aprobación de una conducta desviada, con la consecuencia de convertirla en un modelo para la sociedad actual, sino que también oscurecería valores fundamentales que pertenecen al patrimonio común de la humanidad.

 

Esto es precisamente lo que ha ocurrido desde el caso Obergefell. La redefinición del matrimonio se ha convertido en una herramienta para reestructurar los supuestos más fundamentales de la sociedad sobre el sexo, la familia y los derechos de los niños. De particular importancia es la forma en que la paternidad se desvincula de la biología. Y el derecho natural del niño a tener una madre y un padre queda subordinado a los deseos de los adultos.

 

La Congregación para la Doctrina de la Fe advirtió precisamente acerca de esto:

 

Permitir que los niños sean adoptados por personas que viven en tales uniones equivaldría, en realidad, a cometer actos de violencia contra ellos, ya que su condición de dependencia se utilizaría para colocarlos en un entorno que no favorece su pleno desarrollo humano. Esto es profundamente inmoral.

 

Luego están los crecientes ataques a las libertades fundamentales en nombre de una idea distorsionada de “tolerancia”.

 

Como bien señala la resolución de Idaho, la decisión Obergefell también ha “resultado en una violación de los derechos religiosos de individuos y empresas”. Hemos visto esto repetirse: panaderos, floristas, fotógrafos y agencias de adopción obligados a participar o afirmar uniones entre personas del mismo sexo en contra de los dictados de su conciencia.

 

El patrón es el mismo que observamos en la persecución en Brasil contra quienes afirman el sexo biológico, y el mismo que la Corte Suprema de Estados Unidos rechazó recientemente en el caso Mirabelli, que comenté en mi columna de la semana pasada: la lógica coercitiva de una ideología que exige no mera tolerancia, sino una afirmación activa, y castiga a quienes se niegan.

 

Continuará. _________________________________________