Transgenerismo vs. verdadero tratamiento (II)

 

Padre Shenan J. Boquet

Presidente de Vida Humana Internacional

 

Publicado originalmente en inglés el 4 de mayo del 2026 en: https://www.hli.org/2026/05/transgender-dysphoria-medicine-and-true-care-correcting-an-ideological-project-gone-bad/

 

Vida Humana Internacional agradece a José A. Zunino la traducción de este artículo.

 

 

Lo que revelan los “cambios de género”

 

Durante los últimos veinte años, a quienes expresamos serias preocupaciones sobre la industria de la “transición” pediátrica se nos dijo, con gran solemnidad, que estábamos equivocados respecto a la ciencia. La comunidad médica había hablado. Las organizaciones profesionales habían llegado a un consenso.

 

Se nos aseguró que la “razón de la historia” era perfectamente clara. Cualquiera que cuestionara la seguridad, la sensatez o los efectos a largo plazo de la transición médica de un niño simplemente ignoraba a los expertos.

 

Resulta que el supuesto “consenso” con el que nos oprimieron como grupo durante tantos años nunca fue realmente un consenso. Fue un consenso fabricado, producido por activistas dentro de las sociedades profesionales pertinentes, en coordinación con socios mediáticos y aliados políticos, mientras que los médicos disidentes (aquellos que, como Khatchadourian, veían lo que sucedía pero aún no estaban preparados para hablar) fueron silenciados.

 

Lo que se les vendió a las familias y al público como ciencia establecida era, al examinarlo, un proyecto ideológico que había cooptado a instituciones clave de la medicina. La ciencia ahora está reconociendo esta realidad. Y los innumerables niños que fueron esterilizados, dañados y abandonados por el sistema mientras tanto pagarán las consecuencias por el resto de sus vidas.

 

 

El cuerpo humano es un don de Dios

 

Como siempre, la Iglesia Católica jamás se dejó seducir por esta nueva ideología que prometía un mundo de “libertad” para quienes sufren disforia de género. Profundamente arraigadas en la verdad de la persona humana, las instituciones y la doctrina católicas han recordado constantemente a nuestra cultura la importancia de la cordura, una cordura que ahora comienza a reafirmarse.

 

En noviembre de 2025, la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos promulgó la séptima edición de las Directrices Éticas y Religiosas para los Servicios Católicos de Salud (DER, por sus siglas en inglés). La Directiva 28 de esta nueva edición, basada en la encíclica Amoris Laetitia del Papa Francisco, establece:

 

La creación es anterior a nosotros y debe ser recibida como un don. Las instituciones, servicios y personal de atención médica católica no pueden realizar ni facilitar intervenciones, ya sean quirúrgicas, hormonales o genéticas, que no busquen restaurar, sino alterar el orden fundamental del cuerpo en su forma o función.

 

La respuesta católica al transgenerismo (disforia de género) se fundamenta en la idea de que la persona humana es una unidad de cuerpo y alma. El cuerpo no es un disfraz ni una posesión. No es una máquina biológica que deba optimizarse mediante la química y la cirugía para ajustarse mejor a una convicción mental equivocada. Es el don que recibimos al ser formados en el vientre materno (Salmo 139:13-16).

 

Como enseñó el Papa Francisco en Amoris Laetitia, nuestra identidad sexual verdadera es anterior a nosotros y debe ser recibida con gratitud y respetado por lo que es. El Catecismo de la Iglesia Católica expresa la misma idea de otra manera pero esencialmente igual a la del Santo Padre: “Todo hombre y mujer debe reconocer y aceptar su identidad sexual” (Nro. 2333).

 

 

¿Qué significa una atención genuina?

 

Durante las últimas dos décadas, marcadas por una presión ideológica cada vez más intensa, una coerción manifiesta y un supuesto “consenso” artificialmente fabricado sobre cuestiones de género, se ha perdido de vista a las personas que sufren el terrible dolor de la disforia de género.

 

Se trata de niños, adolescentes y adultos cuyo sufrimiento es real, cuyas dificultades de salud mental suelen ser agudas y cuyas familias a menudo se encuentran desesperadas. La postura católica no es que su sufrimiento deba ser ignorado, sino que merecen algo mejor que las falsas promesas de una “transición” médica.

 

La Directiva 29 de los DER insta a los profesionales sanitarios católicos a “mitigar el sufrimiento de quienes experimentan incongruencia o disforia de género”. Una atención genuina, que respeta al paciente como una unidad de cuerpo y alma, aborda las causas subyacentes: depresión, ansiedad, autismo, ruptura familiar y la saturación de la mente adolescente por las redes sociales, por medio de una atención psicológica y espiritual. No comienza prometiendo lo que no se puede cumplir. No termina dejando a una persona joven estéril, marcada y desilusionada, sin posibilidad de volver atrás.

 

La Asociación Médica Católica ha sido una voz destacada a favor de este enfoque. Sus médicos lideran ahora una iniciativa nacional para identificar clínicas dispuestas a atender de manera correcta a personas que han revertido su transición de género (jóvenes que, tras someterse a una transición médica, no han mejorado su situación y ahora necesitan ayuda para afrontar las consecuencias).

 

Además, la Asociación Médica Católica ha instado al Departamento de Salud y Servicios Humanos del gobierno del presidente Trump a que abandone la expresión orwelliana “atención de afirmación de género” y la sugiera con mayor precisión denominándolos como: “procedimientos de rechazo del sexo”.

 

 

Aférrate a la verdad

 

Lamentablemente, a pesar de las crecientes señales de que las cosas están cambiando hacia la cordura, la batalla está lejos de terminar.

 

Para empezar, la ideología no desaparecerá simplemente porque la evidencia médica se haya desmoronado ante ella. Los ideólogos seguirán exigiendo, con la ayuda del Estado cuando sea posible, que dejemos de notar lo que ahora es imposible de negar.

 

Como señalé en mi columna reciente, esto es precisamente lo que le sucedió a Isadora Borges en Brasil, lo que le sucedió a Jennifer Melle en Inglaterra, y lo que se está intentando, en este mismo momento, contra padres de familia en nuestro propio país. Esto incluye, según informes recientes, a padres en Oregón que corren el riesgo de perder la custodia por negarse a “afirmar” la “transición” de su hija adolescente a ser varón.

 

Más fundamentalmente, incluso si todas las clínicas de género del mundo cerraran mañana, el error antropológico más profundo que alimentó este episodio persistiría. La idea de que el cuerpo humano es una materia prima maleable, que la voluntad puede moldear para adaptarla a cualquier convicción interna del momento, no surgió con la ideología de género, ni terminará con ella. Ya hemos visto versiones de este mismo error (en la revolución anticonceptiva, en el régimen del aborto, en la expansión de la eutanasia y en el transhumanismo), y lo volveremos a ver, con un nuevo disfraz tecnológico, en los años venideros.

 

La respuesta católica, como siempre, es proclamar la verdad con valentía y amor. Tenemos la obligación de afirmar con claridad que el cuerpo es un don, que los hombres son hombres y las mujeres son mujeres, que los niños no deben ser esterilizados para satisfacer las ideologías de ciertos adultos equivocados, y que los padres tienen el derecho insustituible de proteger a sus hijos de quienes les harían daño.

Y tenemos la obligación de decirlo de tal manera que incluso aquellos más heridos por estos errores, incluso los activistas más convencidos de nuestra “hostilidad”, puedan percibir en nuestras palabras algo más que una mera convicción ideológica. Ojalá puedan percibir una preocupación amorosa por los seres humanos que están siendo perjudicados por esta ideología perversa, incluyendo a los activistas transgénero más fervientes, que a menudo se encuentran entre los que han sido más profundamente heridos por sus creencias erróneas.

 

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