Visión cristiana de la vida familiar: los hijos son un don de Dios, no una carga
Padre Shenan J. Boquet
Presidente de Vida Humana Internacional
03 – 01-14-26
Publicado originalmente en inglés el 12 de enero del 2026 en: https://www.hli.org/2026/01/a-christian-vision-of-family-life-seeing-children-as-a-gift-not-a-burden/
Vida Humana Internacional agradece a José A. Zunino la traducción de este artículo.
Introducción
El libro del año 1992, Hijos de los Hombres (posteriormente convertido en una película de gran éxito), se ambienta en el año 2027, para nosotros dentro de tan solo un año. Narra la historia de un mundo sumido en una epidemia de infertilidad. Durante dos décadas, toda la raza humana ha sido infértil por razones desconocidas. No ha nacido ni un solo niño en 20 años.
El resultado de esta crisis de infertilidad es la pérdida total de la esperanza. El mundo representado en la novela y la película está desgarrado por la guerra, la violencia, la inestabilidad social y una sensación general de nihilismo y desesperación. Es una distopía.
Y entonces, llega a este mundo un milagro: una mujer embarazada. Y de repente, se enciende la esperanza.
Es imposible no pensar en la película Hijos de los Hombres al leer un artículo reciente publicado en The Guardian, titulado “Nace un niño: los italianos celebran el primer bebé de un pueblo en 30 años”. Nació un bebe por primera vez en 30 años en la villa Pagliari dei Marsi, localizada al pie del Monte Girifalco en la región de Abruzzo en Italia.
El artículo describe las “eufóricas celebraciones” que tuvieron lugar en el pueblo de Pagliara dei Marsi cuando nació Lara Bussi Trabucco.
El artículo relata: “Toda la comunidad asistió a su bautizo en la iglesia frente a su casa y es tal la novedad de tener un bebé en el pueblo que ahora se ha convertido en la principal atracción turística”.
Pagliara dei Marsi es un pueblo diminuto, de tan solo 20 habitantes. Por eso, quizás no sorprenda que haya tan pocos niños. Sin embargo, se trata de la cuestión del huevo y la gallina. El pueblo es tan pequeño en parte porque la población se ha desplomado en los últimos años, ya que los ancianos han fallecido sin hijos que los reemplacen.
Como señala Angela Giuffrida, autora del artículo, la situación es “emblemática de un panorama nacional dominado por el envejecimiento de la población y el vaciamiento de las escuelas”.
En 2024, Italia experimentó otra caída en la tasa de natalidad, hasta el nivel más bajo de la historia reciente, con tan solo 369.944 niños nacidos. La tasa de fertilidad en Italia es la más baja de la historia, con tan solo 1.18 nacimientos por mujer.
La tasa de natalidad de reemplazo es la tasa global de fecundidad (TGF) necesaria para mantener una población constante: 2.1 nacimientos por mujer. Sin embargo, como comenté en un artículo anterior, algunos argumentan que, debido a las variaciones en la fertilidad, la mortalidad, los estilos de vida y el hecho de que muchos adultos deciden no tener hijos, la TGF global estimada podría ser demasiado baja para evitar de forma fiable el declive poblacional.
Un círculo vicioso
El gobierno conservador italiano, liderado por Georgia Meloni, ha identificado la crisis demográfica como una prioridad absoluta. Sin embargo, si bien el gobierno ha introducido medidas para impulsar la fertilidad, incluyendo pagos en efectivo a los nuevos padres, los datos sugieren que la tasa de natalidad sigue disminuyendo.
En parte, esto se debe a que (como muchos países están descubriendo), la despoblación alimenta la despoblación. Es decir, la despoblación generó un círculo vicioso en el que, cuantos menos hijos hay, menos probable es que los matrimonios tengan hijos.
Los padres de Lara manifiestan su preocupación por las perspectivas educativas de su hija. Con el cierre de escuelas en toda Italia, cada vez es más difícil garantizar una educación adecuada para un niño.
Mientras tanto, pensemos en las mil otras maneras en que la infertilidad endémica produce infertilidad. Los padres de Lara son el primer matrimonio en tres décadas en su pueblo en tener un hijo. Esto significa que su hija no tendrá compañeros de juegos de su edad en el pueblo.
Significa que los padres no pueden contar con la experiencia y el apoyo de sus compañeros un poco mayores, ni siquiera de sus mayores, quienes nunca tuvieron hijos y, por lo tanto, no pueden ofrecer consejos ni apoyo fiables en el proceso de crianza.
Durante la mayor parte de la historia de la humanidad, formar una familia fue lo más natural del mundo. Sin embargo, para los padres de Lara, sin duda, la decisión de tener una familia tiene poco de “natural”. Están haciendo algo extraordinario, algo que nadie más en su grupo de iguales ha hecho.
La paternidad conlleva, por supuesto, muchas presiones intrínsecas. Sin embargo, la presión sobre los padres de Lara debe ser inmensa, mientras intentan explorar un camino nuevo y hacerlo bien. Tal es la presión que sienten muchos matrimonios que consideran la paternidad. Muchos responden optando por no tener hijos.
El pánico demográfico
La historia de la bebé Lara es impactante, no porque revele algo desconocido sobre el estado del mundo. Sabemos desde hace años que existen innumerables pueblos como Pagliara dei Marsi en todo el mundo.
Sin embargo, la historia de la bebé Lara nos ayuda a comprender la realidad de lo que ocurre globalmente, en innumerables países y comunidades, de la misma manera que “Hijos de los Hombres” ayudó a millones de personas a comprender cómo sería un mundo sin niños.
Durante décadas, los líderes provida han advertido sobre el inminente invierno demográfico, causado por la normalización del aborto, la demolición del matrimonio, la dependencia casi universal de la anticoncepción y el profundo impacto de la revolución sexual en nuestra comprensión de la sexualidad y el sentido de la vida.
Sin embargo, una cosa es leer estadísticas sobre las bajísimas tasas de natalidad en Italia, Japón, China, Corea del Sur y tantos otros países. Otra muy distinta es comprender las historias detrás de las estadísticas: las historias de ancianos que mueren sin haber experimentado jamás la alegría de tener a un nieto en su regazo; las ciudades donde no se escuchan los juegos infantiles desde hace décadas; los niños con pocos amigos y pocos familiares en los que confiar; las parejas aterrorizadas de tener un hijo por la falta de apoyo y el temor a lo que el invierno demográfico significa para el futuro de su sociedad; el cierre de escuelas, etc.
Efectos y consecuencias
Para quienes hemos prestado atención al problema demográfico durante décadas, resulta casi abrumador la atención que finalmente está recibiendo. Durante décadas, las advertencias de los defensores de la vida fueron desestimadas, mientras los gobiernos y los medios de comunicación continuaban con su insistencia en sembrar el miedo a una falsa superpoblación.
Y entonces, casi de la noche a la mañana, parece que todos despertaron y se dieron cuenta de que un mundo sin hijos no es un mundo en el que ninguno de nosotros quiera vivir, y que las consecuencias económicas, sociológicas y culturales de unas tasas de natalidad por debajo del nivel de reemplazo podrían ser tan devastadoras como les habíamos estado advirtiendo durante décadas.
Cada vez es más difícil mantenerse al día con la avalancha de noticias que anuncian otro año récord de bajas tasas de nacimientos y fertilidad en otro país, y que reflexionan en profundidad sobre las consecuencias de gran alcance y potencialmente devastadoras de cada descenso.
Un extenso artículo reciente sobre Corea del Sur, por ejemplo, señala que se proyecta (con optimismo) que la población de la nación asiática se reducirá en más de dos tercios en los próximos 100 años.
El artículo continúa: “Si las tasas de fertilidad actuales persisten, cada cien surcoreanos actuales tendrán solo seis bisnietos”.
Si bien el artículo intenta argumentar que algunas de las políticas a favor de la natalidad de Corea del Sur han sido efectivas, concluye de forma deprimente:
Puede que sea demasiado tarde para Corea del Sur. Está rodeada de enemigos reales y potenciales, incluyendo uno empeñado en su destrucción, y su ejército depende de un número cada vez menor de reclutas jóvenes. A medida que su población envejece, se destinarán cada vez más recursos al sustento de los ancianos. Esto significa menos dinero para las primas por nacimiento y más para las residencias de ancianos, además de un aumento constante de impuestos y horas de trabajo. En algún momento, los pocos jóvenes que quedan podrían empezar a irse en busca de un futuro menos agobiante en otros lugares, lo que agravará la carga de los que quedan.
También es difícil mantenerse al día con la avalancha de medidas que toman los gobiernos para impulsar la natalidad, que a menudo se implementan sin mucha fanfarria en los medios. De hecho, las iniciativas destinadas a impulsar la natalidad se han vuelto casi aburridamente normales en todo el mundo desarrollado. Los países están experimentando con todo tipo de medidas, desde grandes pagos en efectivo hasta exenciones fiscales para familias, pasando por guarderías financiadas con fondos públicos, e incluso (como en Hungría) vehículos gratuitos.
China impone impuestos a los anticonceptivos
Sin embargo, pocas noticias en los últimos años me han hecho comprender mejor cuán acentuado se está volviendo el pánico por la despoblación, como la noticia de que China decidió recientemente empezar a gravar los anticonceptivos con la esperanza de aumentar la natalidad.
Sí, China. La nación que, durante décadas, aterrorizó a su población con las medidas de control demográfico más brutales del planeta. La nación que había identificado la falsa superpoblación como la mayor amenaza para su existencia.
Como informa The Guardian:
China se dispone a imponer un impuesto al valor añadido (IVA) sobre los preservativos y otros anticonceptivos por primera vez en tres décadas, en un esfuerzo por impulsar la natalidad y modernizar la legislación fiscal.
A partir del 1 de enero, los preservativos y anticonceptivos estarán sujetos a un IVA del 13%, un impuesto del que han estado exentos desde que China introdujo el IVA a nivel nacional en 1993.
Esto ocurre después de que China, en lo que debe parecer un caso de latigazo para la mayoría de la población china, pasó de la brutal política de un solo hijo a una política liberalizada de dos hijos, a una política de tres hijos y ahora a un programa activamente a favor de la reproducción, que en algunas provincias incluye pagos en efectivo a los nuevos padres.
De hecho, existen informes de que China está reutilizando parte del invasivo aparato de control demográfico para iniciativas pro-natalidad. The Guardian añade:
En algunas zonas, las mujeres han reportado haber recibido llamadas telefónicas de funcionarios del gobierno local preguntándoles sobre sus ciclos menstruales y planes de maternidad. En diciembre, medios de comunicación chinos informaron que, a las mujeres de un condado de la provincia de Yunnan, en el suroeste de China, se les exigía que informaran a las autoridades locales la fecha de su último período. La oficina de salud local afirmó que la recopilación de datos era necesaria para identificar a las mujeres embarazadas y en proceso de gestación.
Los hijos son una bendición
La Sagrada Escritura presenta constantemente a los hijos no como cargas ni meros proyectos personales, sino como dones: signos del favor de Dios y expresiones tangibles de su bendición. “Los hijos son una herencia del Señor, el fruto del vientre, una recompensa”, escribe el salmista (Salmos 127:3).
En la imaginación bíblica, la vida fluye del amor creador de Dios, y recibir una nueva vida es participar, de manera finita, en esa generosidad divina. Desde las primeras páginas del Génesis, la fecundidad se vincula con la bendición. Dios bendice al hombre y a la mujer y les manda: “Sean fecundos y multiplíquense” (Genesis 1:28), no como una exigencia externa, sino como una participación en su obra vivificante. Esta convicción se refuerza a lo largo del Antiguo y el Nuevo Testamento, donde la esterilidad a menudo se experimenta como una prueba, y el don de los hijos se recibe con gratitud, asombro y alabanza.
Las historias de Sara, Ana e Isabel revelan que los niños son respuestas a la oración y signos de la fidelidad de Dios. Incluso en los Salmos, la presencia de los niños se describe como fuente de alegría y fortaleza: “Bienaventurado el hombre que llena su aljaba con ellos” (Salmos 127,5).
En el Nuevo Testamento, Cristo mismo afirma el valor de los niños, acogiéndolos, bendiciéndolos y presentándolos como ejemplos del Reino (Mateo 19,14). Así, la Escritura enseña que la apertura a los niños es inseparable de la confianza en la providencia de Dios; acoger la vida es reconocer que las bendiciones de Dios a menudo no llegan en formas que podamos controlar por completo, sino como dones que inspiran amor, sacrificio y esperanza.
En algún momento, nuestro mundo perdió de vista esta sabiduría eterna. Nunca la humanidad había experimentado tanta riqueza, comodidad y placer. Y, sin embargo, en lugar de usar la seguridad que nos brinda para abrir nuestros corazones al don de los hijos, los hemos cerrado.
Ahora, estamos aprendiendo a las duras penas que encerrarse en nosotros mismos de esta manera tiene consecuencias. Oremos para que una renovación espiritual se extienda por todo el mundo, que dé a los padres la valentía necesaria para abrir sus corazones y revertir esta tendencia hacia la esterilidad.
El mundo de Hijos de los Hombres se presenta como una distopía por una razón. Un mundo sin hijos es un mundo sombrío, estéril y sin alegría. Sin embargo, a diferencia de Hijos de los Hombres, no sufrimos de infertilidad universal. Donde hay vida, hay esperanza.
Y ciertamente hay esperanza para nuestro mundo. Pero se requerirá una conversión generalizada del corazón para convertir la esperanza en realidad.
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