Desde hace algunos años, los ataques contra la vida humana en sus primeras etapas de existencia se han incrementado como nunca antes, particularmente en el mundo hispano. Incluso, el movimiento antivida pretende re-definir el comienzo del embarazo y, por consiguiente, el de la vida del ser humano, diciendo que éste ocurre en la implantación del nuevo ser humano en el útero de su madre, en vez de la concepción.

 

Esta estrategia es la que emplea el movimiento antivida para no llamarle “aborto” al efecto anti-implantatorio de la píldora “del día siguiente” (PDS) o “del día después” (PDD), así como a otros métodos abortivos. De esa manera, el movimiento abortista promueve dichos métodos en los países donde todavía el aborto es ilegal, como es el caso de la mayoría de los países del mundo hispano.

 

Por ello, creemos que debemos definir el aborto como la interrupción del embarazo con el propósito de destruir al ser humano no nacido, como quiera que ello se realice desde la concepción hasta un instante antes del parto.

 

Es necesario, por consiguiente, abordar el comienzo y el desarrollo de la vida del ser humano en sus primeras etapas de existencia con todo el rigor científico que se requiere, sin descuidar, al mismo tiempo, que el lenguaje utilizado sea asequible a todos. Al respecto, es importante señalar que los datos científicos que vamos a aportar sobre este tema en los demás artículos que siguen no son nuestras opiniones, sino la explicación, con un lenguaje más simple, de lo que constituye el consenso de las más prestigiosas fuentes de la embriología humana del mundo contemporáneo.

 

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