La Iglesia, tiene como misión fundamental la evangelización, es decir, anunciar a Jesucristo, Palabra de vida que nos dice: “Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia” (Jn 10, 10), Y “Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos” (Jn 15, 13). Nos da el mandato nuevo del Amor cuyo signo palpable es el cumplimiento de los demás mandamientos: “Si guardan mis mandamientos, permanecerán en mi amor” (Jn 15, 10). Para Jesús, la experiencia más liberadora es precisamente el cumplimiento de la voluntad de su Padre: “Yo tengo para comer un alimento que ustedes no saben … Mi alimento es hacer la voluntad del que me ha enviado y llevar a cabo su obra” (Jn 4,32-34).

Con respecto a este Evangelio de la Vida, para los verdaderos discípulos de Cristo en el seno de la Iglesia Católica, “el compromiso al servicio de la vida obliga a todos y cada uno“, lo cual implica la responsabilidad de “hacerse cargo de toda la vida y de la vida de todos”, pero sin pretender tener la exclusividad, pues “la defensa y la promoción de la vida no son monopolio de nadie, sino deber y responsabilidad de todos”.

Quiero aclarar que ante el hecho existe también en nuestro departamento un grupo que se auto nombra “católicas por el derecho a decidir”, y hacen la alusión que son parte de la Iglesia Católica, y promueven las leyes a favor del aborto, contra la Vida. Por eso veo necesario y oportuno comunicar lo siguiente, con el fin de aclarar cualquier confusión que pudiera darse entre el pueblo Católico en Oruro y en la opinión pública.

Quiero señalar que se trata de una organización abortista estadounidense y que su objetivo principal es eliminar al mayor opositor del mundo contra el aborto, la Iglesia Católica. Las católicas por derecho a decidir se esfuerzan por convencer a católicos y no católicos de que el aborto es una alternativa éticamente válida para las mujeres católicas, “despreciando y ridiculizando las enseñanzas fundamentales de la Iglesia, promoviendo agresivamente la anticoncepción y el aborto”.

Considerando la historia de este grupo fundado por Frances Kissling, una mujer que vivió algún tiempo en un convento de las Hermanas de San José (EEUU) y al abandonarlo dirigió una clínica de abortos en Nueva York.

Las católicas por el derecho a decidir financian sus actividades con millones de dólares recibidos de grupos estadounidenses abiertamente anti-vida como la Fundación Ford.

En América Latina su agenda es clara:

— Apoyar el disenso católico en el tema del aborto y los anticonceptivos

— Proporcionar a los católicos una “alternativa racional” a la doctrina de la Iglesia

— “Educar” sobre los derechos de salud reproductiva (aborto y anticoncepción sistemática) en el continente latinoamericano.

Hay que destacar que las católicas por el derecho a decidir no son católicas porque “pervierten el sentido de la libertad humana. Al interpretar los crímenes contra la vida como legítimas expresiones de la libertad individual, exigiendo o reconociendo legalmente el derecho de matar, se subvierte la base de los derechos humanos y se niega el derecho a la vida”.

Tanto la vida de la madre como la del niño son absolutamente iguales y ambos son “seres humanos criados a imagen y semejanza de Dios, poseedores de un alma inmortal y de un destino sobrenatural“.

El aborto tampoco es lícito en casos de violación porque la repugnancia contra el crimen nunca podrá convertirse en repugnancia contra un inocente concebido. La vida siempre es un don de Dios, aun cuando surge en circunstancias pecaminosas.

La mencionada agrupación “católicas por el derecho a decidir“ significa más específicamente “por el derecho a abortar“, lo cual es completamente contrario y contradictorio con la auténtica enseñanza de la Iglesia Católica, en donde se afirma sin lugar a dudas que el aborto es un “crimen nefando“, es ir claramente contra el mandamiento: “No matarás“. Afirmamos, por tanto, que ningún católico tiene el derecho a “decidir” matar a una persona concebida en el vientre de su madre.

Además, la persona que realiza o colabora a un aborto, y éste se consuma, queda automáticamente en excomunión.

Afirmo que los católicos no deben enseñar algo diferente a la Doctrina de la Iglesia Católica contenida en la Sagrada Escritura, su Tradición y Magisterio. Si alguno lo hiciera, rompe por ello mismo la comunión con la Iglesia y no puede llamarse católico.

Como Iglesia Católica optamos firmemente por la promoción y defensa de la vida humana, desde su concepción hasta su muerte natural. Con esto “no se trata de imponer a los no creyentes una perspectiva de fe, sino de interpretar y defender los valores radicados en la naturaleza misma del ser humano“. Por lo siguiente, invito a todos, personas e instituciones, a una conversión al Evangelio de la Vida, es decir, a un cambio de mentalidad, de actitud y de conducta a favor de la

Cultura de la Vida, protegiendo a cada ser humano desde su concepción hasta la muerte natural.

Que Jesucristo, Palabra de Vida, nos ayude a anunciar, celebrar y servir el Evangelio del matrimonio, de la familia y de la vida. El que ha hecho suya la suerte de los más débiles nos ayude a valorar el don de la vida en todos sus momentos y condiciones. Que la Virgen María, modelo y espejo de la mujer que escucha la Palabra de Dios y la pone en práctica proteja a nuestras familias y a toda vida.

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