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Lunes, 01 de Diciembre de 2014 17:24

Hacia una sociedad sin maternidad

por HLI

Denise Hunnell, M.D.


Leemos en el Génesis que Dios creó un hombre y una mujer. Escuche cómo Adán habla de Eva: “Al fin esta es huesos de mis huesos y carne de mi carne; ella se llamará Mujer porque fue tomada del hombre” (Génesis 2:23). Y luego, Adán le da el nombre de Eva a su esposa, que significa “Madre los Vivientes” (Génesis 3:20).


Desde el principio, nunca ha habido el temor de que la mujer fuese una creatura inferior al hombre. Adán y Eva eran de géneros distintos, pero iguales en dignidad. Ambos fueron creados plenamente a imagen de Dios.


Desafortunadamente, la cultura actual rechaza esta igualdad y percibe la plenitud de la femineidad como si fuese una maldición. Para lograr el éxito, a las mujeres se les presiona a que rechacen su propia constitución biológica e intenten parecerse más a los hombres. Nunca ha sido ello más evidente que en la manera con que hoy día se aborda la fertilidad y la maternidad.


Por ejemplo, la Fundación Bill y Melinda Gates dice que está dedicada a potenciar a las mujeres y a luchar contra la mortalidad materna. Sin embargo, la solución que ofrece es la de invertir mil millones de dólares en anticonceptivos para el África Subsahariana [1]. La evidente implicación de ello es que estas mujeres no podrán florecer con una fertilidad intacta. En vez de “reparar” a las mujeres, ¿por qué no abordar de raíz las causas de la mortalidad materna, como un personal médico insuficientemente capacitado, instalaciones inadecuadas de salud, falta de agua potable y pocas oportunidades educativas para las mujeres?


En vez de ello, ¿por qué la Fundación Gates elige hacerle la guerra a la biología femenina e introducir anticonceptivos tóxicos que duplican el riesgo de transmisión del VIH [2] y aumentan el riesgo de contraer cáncer de mama? [3] Introducir estos riesgos en un área del mundo donde la población ya está sufriendo a causa de una infraestructura médica inadecuada, no es precisamente una propuesta que potencie a las mujeres.


Estamos viendo una estrategia similar en EEUU, donde el Departamento de Salud y Servicios Humanos del gobierno (HHS, por sus siglas en inglés) ha emitido un mandato anticonceptivo, que forma parte del Acta para la Atención Asequible de la Salud (traducción libre del título del Obamacare o la ley de “salud” de Obama) o ACA, por sus siglas en inglés. Los que apoyan este mandato piensan que la fertilidad de la mujer es tan dañina para su bienestar y éxito económico, que quieren que los anticonceptivos, los fármacos abortivos y la esterilización estén disponibles gratuitamente para todas las mujeres, aún en los casos en que esa disponibilidad atropelle la libertad religiosa de otras personas [4].


Por supuesto, sin fertilidad no puede haber maternidad. Esta noble vocación es continuamente presentada como algo indeseable por parte de la cultura anticoncepcionista. En un reciente discurso, el Presidente Barack Obama argumentaba a favor de aumentar el financiamiento de los centros infantiles con dinero federal. El mandatario se lamentaba de la decisión que tomaban algunas mujeres de quedarse en casa con sus hijos diciendo: “Esa no es una opción que queremos que elijan las estadounidenses”. La ideología utilitaria del Presidente no valora para nada a las mujeres que renuncian a la ganancia económica para atender a sus hijos y no eligen ser productivas económicamente almacenando a sus hijos en instalaciones financiadas por el gobierno.


En la última ronda de menosprecio hacia la maternidad, los gigantes de la informática, Facebook y Apple, están ofreciendo financiar la congelación de óvulos de sus empleadas, para que estas mujeres puedan concentrarse en sus profesiones y posterguen tener hijos [5]. A primera instancia, ello parece ser un beneficio para las mujeres, ya que proporciona una opción. En realidad, es una patente declaración de que la maternidad es un lujo que no debe interferir con las aspiraciones profesionales de las mujeres. Y podemos anticipar que esa opción se convertirá en una expectativa. Después de todo, con la disponibilidad de los óvulos congelados, los donantes de espermatozoides, la fecundación in vitro (FIV) y las madres empréstito, las mujeres podrán contratar todos los servicios para cada uno de los detalles de la maternidad sin perder un solo día de trabajo.


El primer problema de esta forma de abordar este asunto es que se funda en la falsa premisa de que la congelación de óvulos y su posterior uso es una manera eficaz de postergar la maternidad. A las mujeres se les da la falsa esperanza de que pueden retardar el tener hijos de manera indefinida. La realidad es que tanto el Colegio de Obstetras y Ginecólogos de EEUU (traducción libre) como la Sociedad de Medicina de la Reproducción de EEUU (traducción libre) desaconsejan el recurso a la congelación de óvulos para el solo propósito de postergar la maternidad. La tasa de éxito de nacimientos vivos de óvulos previamente congelados es inferior al 25% para las mujeres que tengan 30 años de edad  y menos del 10% para las que tengan 40 [6].


Además del riesgo de fracaso en cuanto a lograr el embarazo, hay riesgos significativos para la salud que están relacionados con el proceso de recuperar los óvulos. Las mujeres tienen que someterse a inyecciones de hormonas durante semanas, para estimular los ovarios de manera que éstos produzcan más óvulos maduros que el que usualmente es producido mensualmente. La cosecha de óvulos exige un procedimiento quirúrgico y puede causar lesiones a las estructuras de la pelvis, como la vejiga, el intestino y los vasos sanguíneos. Se sabe que el exponerse a hormonas estimulantes causa infertilidad subsecuente, así como una menopausia temprana.


El riesgo más peligroso es la posibilidad de contraer el síndrome de híper-estimulación ovárica (OHSS, por sus siglas en inglés) como respuesta del organismo a las inyecciones de hormonas. Ello no es un efecto colateral infrecuente y su gravedad puede oscilar entre dolor abdominal moderado hasta graves síntomas respiratorios, fallo renal y aún la muerte [7].


Tan significativo como los riesgos para la salud de la congelación de óvulos y el subsecuente uso de la FIV, es el cambio de paradigma en el ejercicio de la vocación materna que acompaña a todas las tecnologías de reproducción asistida. Se supone que el convertirse en progenitor, ya sea ser padre o ser madre, es un acto generoso de auto-donación. Cuando un hombre y una mujer se abren al don de una nueva vida a través del acto conyugal, afirman su apertura a la vocación de la paternidad y la maternidad. Se ofrecen a sí mismos para el beneficio de su hijo o hija.


En contraste con ello, el uso de tecnologías de reproducción asistida, como la FIV, permite a personas adultas comprar un hijo o una hija para su propio disfrute y beneficio. Los embriones que son concebidos en el laboratorio son examinados, para ver sus características positivas y negativas, de manera que esos adultos puedan ordenar el hijo o la hija que quieren que tenga las características adecuadas, de la misma manera que ordenan un nuevo automóvil o una nueva computadora. Esa tecnología deshumaniza a los niños y a las niñas y los trata como si fuesen mercancía.


Pero el convertirse en padre o en madre no es una vocación que uno elige cuando se tiene un poco de tiempo extra después del trabajo. Es una de las vocaciones más nobles y un privilegio que debe ser apreciado profundamente. No hay nivel de éxito profesional que pueda compensar por una oportunidad de abrazar la maternidad que se perdió. Es una afrenta al feminismo auténtico, porque sugiere la idea de que la maternidad es una carga que debe ser postergada tanto como sea posible, si es que no se quiere evitar del todo.


La fecundidad no hace a las mujeres menos valiosas que los hombres. Los que de verdad quieran potenciar a las mujeres deberían poner fin a sus ataques a la fertilidad y, en vez de ello, celebrar la capacidad tan singular que tiene la mujer de traer al mundo una nueva vida y de cuidarla con amor.


La Dra. Denise Hunnell contribuye con sus artículos al foro de Human Life International (HLI), llamado “Truth and Charity Forum”. Este artículo fue publicado originalmente en inglés en Zenit.org y re-impreso con la debida autorización por HLI en su portal www.hli.org el 24 de noviembre de 2014.También le invitamos a visitar la página de VHI: www.vidahumana.org.


Notas: (todas fuentes a las que los siguientes enlaces dirigen están en inglés).

[1]. Véase: http://www.gatesfoundation.org/What-We-Do/Global-Development/Family-Planning.

[2]. Véase: http://www.thelancet.com/journals/laninf/article/PIIS1473-3099%2811%2970247-X/abstract.

[3]. Véase: http://www.truthandcharityforum.org/link-between-breast-cancer-and-contraceptives-too-big-to-ignore/.

[4]. Véase: http://www.usccb.org/issues-and-action/religious-liberty/hhs-mandate/.

[5]. Véase: http://www.bloomberg.com/news/2014-10-15/apple-facebook-to-pay-for-women-employees-to-freeze-eggs.html.

[6]. Véase: http://www.geneticsandsociety.org/article.php?id=8175.

[7]. Véase: http://www.sart.org/publications/detail.aspx?id=3957.

Por el personal de Human Life International


Un informe que se funda en una nueva investigación realizada en Chile demuestra que los abortos legales no son más “seguros” para la mujer que los abortos ilegales.


Los investigadores del Instituto MELISA han analizado datos que muestran “que no solamente la mortalidad vinculada a los abortos continúa su tendencia a disminuir en Chile, luego de la aprobación, en 1989, de la ley que los prohíbe, sino también que las dadas de alta de pacientes de los hospitales debido al aborto han disminuido significativamente  durante la última década”.


Un estudio en curso de este instituto también sugiere que las mujeres embarazadas que se sienten presionadas y temerosas tienen un riesgo más elevado de abortar a sus bebés por nacer. Estas mujeres constituyen, en este estudio, el 70% de más de 3,000 que tienen un embarazo no planeado. Para impedir el aborto, los datos sugieren que se desarrollen y promuevan programas de apoyo maternal para abordar las necesidades de mujeres vulnerables,  lo cual ha dado como resultado que del 69 al 94% de estas mujeres ha dado a luz a sus bebés al final de un embarazo completo.


Chile es modelo de un exitoso y avanzado sistema de atención a la salud. Comparado con el de EEUU, que mata diariamente a un promedio de 3,000 bebés por nacer por medio del aborto legal, las estadísticas chilenas arrojan un estimado de 13,000 a 18,000 abortos ilegales anuales, el equivalente a 49 bebés que mueren por aborto ilegal diariamente. La mayoría de esos abortos ilegales son cometidos por medio del auto-suministro de misoprostol.


Los hallazgos del Dr. Koch resaltan las intervenciones en materia de política de salud materna en Chile, como una mejor atención a la salud prenatal, así como una mejor información, capacitación y dieta para las embarazadas. Todas estas intervenciones reducen la mortalidad y la morbilidad de mujeres que de otra manera se hubieran sometido al crimen del aborto. Los datos ejemplares de solamente “un riesgo de muerte por cada 4 millones de mujeres en edad fértil” avalan el hecho de que la puesta en práctica de políticas de salud que excluyen el aborto está salvando vidas.


“Como revela esta nueva investigación, Chile y otros países que eligen intervenciones que afirman la vida y rechazan la legalización del aborto, están estableciendo una cultura de vida, en la medida en que las mamás y sus bebés reciben la mejor atención posible”, dijo el Padre Shenan J. Boquet, Presidente de HLI. “Estos hallazgos demuestran que los países que prohíben el aborto pueden ser mucho más exitosos en cuanto a la promoción de la salud materna, al reconocer que el aborto es la destrucción de un ser humano en desarrollo y no logra absolutamente nada en cuanto a mejorar la salud de la mujer”.


Publicado originalmente en inglés en la página de HLI, www.hli.org, el 13 de noviembre de 2014.




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